Y a ti, ¿qué te pesa?

Actualizado: may 1


Nathalia Herrera Shiell


Ok, llegó enero y ya no hay más pretexto para comer. Después de tantas reuniones navideñas, almuerzos de fin de año, y más pretextos tentadores para juntarse, celebrar, comer -y seguir comiendo-, ya creo que hasta se me agrandó el estómago porque yo lo que quiero es seguir en ese plan.


Lamentablemente, no es tan fácil cambiar los hábitos alimenticios, pero ese precisamente, termina siendo el primer objetivo para este nuevo año que empieza. Por mi parte, siempre he querido ser flaca y al mismo tiempo, que eso suceda por arte de magia. Justo ahora es cuando me doy cuenta de que probablemente nunca sucederá de esa forma.

Todos soñamos con el cuerpo perfecto, ese que te muestran las revistas, la tele, las estrellas del cine o los maniquíes en las tiendas y crecemos con estereotipos equivocados. Sin embargo, estos estereotipos son tan erróneos como reales porque, lo cierto es que ellos nos han acompañado durante esos años importantes de nuestra vida en los cuales el cuerpo pareciera tener un rol protagónico. Y sin darnos cuenta, esas ideas -sin ser una verdadera muestra representativa del común denominador- nos sobre exigen, nos perturban y en ocasiones, hasta nos hacen mucho daño.

En el transcurso, van pasando los años y (algunos) redescubrimos qué es lo verdaderamente importante y aunque puede que, aún anhelemos ser más delgados o esbeltos, sí nos deja de quitar el sueño la aspiración de tener uno de esos cuerpos de revista. A mí me llegó el día de abrazarme y aprender a respetar y amar mi cuerpo, con sus curvas, con sus líneas de más o de menos.


Este cuerpo que ahora me acompaña, es un cuerpo que dio vida, que alojó y acompañó por nueves meses el desarrollo de mis hijos. Este es el cuerpo que los nutría a ellos y me sostenía a mí también; es el cuerpo que me los entregó en los brazos y se reconciliaba solo, porque nadie lo atendía. Ese cuerpo también se convirtió en alimento, que daba más y más, cada vez que se lo pedían, mientras volvía a autoregularse sin intervención alguna. Ese era mi cuerpo. Hasta que un día me permití verlo y quise agradecerle, pero ya no era el de antes, ese que nunca me terminó de gustar; de hecho, parecía que ahora me gustaba menos. Así, al igual que muchas mujeres, decidí conflictuarme más con él, pero mi cuerpo me respondió: llora tranquila, ambas lo necesitamos. Entonces, lloramos mi cuerpo y yo, y así nos abrazamos y en ese abrazo nos disculpamos mutuamente porque, aunque no cumplimos las expectativas impuestas, acá estamos siempre juntos, completos, sanos, llenos de energía. Así es como nos reconciliamos.


En ese momento, decidí que me cuidaré y cuidaré a mi cuerpo, simplemente porque mi pensamiento cambió. Hoy, estamos reconciliados y quiero que esté sano, que siga fuerte y me dure mucho para estar aquí, conmigo y con los míos; ya no es por el anhelo a figuras equivocadas, a ser delgada o a tener el cuerpo de verano, es porque deseo estar bien. Entonces, comeré sano como una consigna de vida y comeré en todas las reuniones sociales -esas que tanto me gustan-, comeré sin culpas, sin remordimientos, pero siempre consciente de que lo que consuma me sume nutrientes y vida -y no necesariamente kilos jajajaja…-

Con estas palabras, quiero invitarlos a que su verdadera meta para el inicio de este año 2019 sea reinventarse, redescubrirse, aceptarse y amarse tal y cómo son; y a encaminar nuestras ideas hacia una mente sana que nos permita vivir en armonía con nosotros mismos, porque eso sí que es verdaderamente importante .


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