Venezuela, la mujer de todos


Betty Gabriela Rodríguez


- Mira, ¿ Y qué has sabido de Venezuela?

- Nada. Tengo años que no sé de ella. La verdad es que me desconecté por completo ¿sabes? ¡Es que es el mismo rollo de siempre!. Si no fuese por mi familia y los pocos amigos que me quedan, ni la vería.


Hace menos de 1 mes, eso era lo que se decía de Venezuela, nuestra ‘it girl’, la chica del momento [del gran momento nacional]. Venezuela reapareció rejuvenecida, esperanzada y fortalecida de la mano de un galán criollo, valiente, carismático y sagaz; lista para acaparar las miradas del mundo, una vez más. La piropearon los estadounidenses, el grupo de latinoamericanos amantes de la democracia y los europeos que nos importan, los del ala occidental


Ahora que Venezuela dejó de ser un mar de lágrimas y lamentos, todos quieren tener algo con ella, pero la verdad es que quien es la mujer de todos hoy, ha sido la mujer de nadie por años. Y sí, coincido con ustedes. Todos tenemos derecho a llenarnos de esperanza y de deseos de cambio, pero no olvidemos que, también tenemos la obligación de no desfallecer en el camino, no si queremos una relación bonita, estable y próspera con esa mujer que llamamos Venezuela.


Entonces no, no es casual que lluevan los apoyos, las promesas y propuestas a diestra y siniestra, después todo, hay un grupo de compatriotas que no ha dejado nunca de trabajar por Venezuela; pero recobremos la cordura por un instante en este ataque desenfrenado de amor. Recordemos que, las lunas de miel no duran para siempre y después de una embriaguez colectiva de estas dimensiones, solo puede venir una buena resaca que nos devuelva a la cotidianidad y sobriedad.


A la vuelta de la esquina nos esperan los obstáculos, los pendientes que muchos decidimos dejar atrás al emigrar o simplemente encerrarnos en una burbuja dentro de Venezuela. Tomemos un trago amargo de realismo y asumamos que el reto no se vislumbra en tiempos de alegría sino de desasosiego; y que la verdadera complejidad de reconstruir un país, implica una fortaleza de maratonistas, no de corredores profesionales de 100 metros planos. 


Por mi parte, en este momento de tanta ansiedad e histeria colectiva quiero:

  1. SUMAR. Con tantas ideas en mi cabeza ¿para qué mandar a otro cuando puedo organizarme con los míos o acercarme a grupos preexistentes y simplemente sumar desde esos espacios? 

  2. NO DESTRUIR. Todos creemos que podemos hacer mucho mejor el trabajo de los demás, aún sin estar en sus zapatos ni conocer todas las aristas del problema. Antes de criticar, debo recordarme que no manejo todos los elementos y que los comentarios mordaces no ayudan a nadie. Si aún siento que mi comentario es valioso, debo siempre ser respetuosa y concisa. Eso sí, asegurándome al mismo tiempo de seguir haciendo mi trabajo y de hacerlo bien. Todos somos representantes de Venezuela. 

  3. ESTAR ATENTA a mis dirigentes y representantes, porque sé que son ellos quienes ocupan los espacios que los ciudadanos fácilmente abandonamos por descontento o ignorancia, pero que su permanencia o cesación en el poder depende de nuestro apoyo. 


Sin temor a equivocarme, creo que todo sería muy simple si Venezuela de verdad fuese una mujer, pero no, resulta ser que Venezuela es nuestra tierra, nuestra identidad y nuestro legado y ella se construye cada día desde cualquier lugar con compromiso y constancia. Venezuela nos necesita hoy, mañana y siempre, también es la hora de comprometernos con ella, como ciudadanos, de una buena vez por todas.




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