Surrender: Entregarme a mi yo real

Karelis Díaz


Esto lo escribe una mujer que siente un tsunami por dentro, que está procesando que no quiere ni necesita mil pocitos, cuando tiene la capacidad de con uno solo, crear un océano; una mujer que está sintiendo y viviendo fuertemente el primer retorno de Saturno. Soy practicante de Ashtanga Yoga, describir o hablar de mi práctica diaria me costaría mucho, es tanto lo que me da y me quita que llevarlo a palabras se quedaría corto. Un día conocí algo llamado “Dropbacks”, tenía las emociones a flor de piel, no entendía nada: ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento así? Claro, es que abrir el pecho no es poca cosa, es sentirte vulnerable y excesivamente sensible mientras te vas haciendo más fuerte – es un montón – .


¿Por qué cuento esto? Porque, desde que nacemos somos moldeados por la sociedad, la familia, los amigos, la cultura, las costumbres.. y un día esa nube se mueve y siento que tengo la capacidad de cuestionar: ¿Cuestionar? ¡¿Qué es eso?! ¡Esa materia no me la dieron en el colegio! Sentí que se estaban cayendo estructuras, sentí la necesidad de confiar en mí, sentí también que abrir el pecho es lo que me ayudaría a sanar, a limpiarme, a vaciarme para así luego poder llenarme de nuevo. Decidí dejar de culpar a las personas que me rodean, a mi familia, a la sociedad. Decidí disculparme por creer y aceptar que con el cabello liso me veía mejor, que “era más linda”, años alimentando esos comentarios, dándoles vida, fuerza, años de no permitirme nadar ni fundirme en el Mar Caribe por miedo a que mi cabello fuese como es.


Cuando la palabra “cuestionar” te toca, es fuerte, duele, empiezas a dudar de todos, una nube se deshace convirtiéndose en una lluvia de preguntas, se van derrumbando patrones, costumbres, pensamientos, se van cayendo capas que no te pertenecen, pero que estaban muy pegadas a ti... Creo que nunca vamos a estar preparados y ¡eso es lo mejor! Si tuviésemos que esperar estarlo, seguro patearíamos ese momento tan duro como una pelota de fútbol con tal de seguir cómodos ¡Total, así estamos bien! ¿para qué complicarnos la vida?

Resulta que darme la oportunidad de “complicarme la vida” ha sido de las cosas más honestas que he hecho por y para mí, he conocido versiones de mí que ni sabía existían, con las que me amigo, me peleo y vuelvo a cuestionarme. Si algo puedo decir en este punto es que esta ruleta de aprendizaje no para, estamos en constante movimiento, somos y formamos parte de la naturaleza, así que nada es estático.


La versión de mí que escribe esto, es con la que más estoy amigada, la admiro y la respeto, estoy orgullosa de ella, es con la que mejor me la he llevado; eso sí, no me amarro a ella, en algún momento se irá porque esto es una evolución constante, sé que vendrán mejores versiones, sé que me faltan cosas por sanar, por soltar y que está en mí, estar dispuesta a permitirme quebrarme las veces que sean necesarias para ver luz por esas grietas.

Heredamos miedos, frustraciones y derrotas de generaciones pasadas, tenemos que aceptar, disculpar, soltar y sanar; personalmente siento que lo más lindo de este trabajo individual es que se refleja y expande porque el disfrute se comparte, es colectivo.


Si no luchamos por SER siempre seremos lo mismo, vinimos a evolucionar, somos universos envueltos en piel.




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