Preservativo en mi Cartera de Mano

Actualizado: 26 de jul de 2018

E. De La Villa

Me preguntan el porqué de mi decisión de comprar preservativos y llevarlos en mi cartera de mano. Pienso en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1791) de Olympe de Gouges, en la Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792) de Mary Wollstonecraft, en las ideas y lucha de Clara Zetkin y tantas otras. Me pierdo en mi pensamiento. Ese rostro expectante frente a mí, me interpela y me trae de vuelta al presente, tomo una bocanada de aire y respondo:

-Porque soy libre y así lo quiero.-


La lucha por la igualdad de género es de vieja data y está lejos de terminar. No faltan iniciativas tendientes a igualar el reconocimiento y ejercicio de los derechos de las mujeres en las esferas: cívico-político (derecho al voto, cuotas de paridad en los escaños, mecanismos de financiamiento para candidatas), laboral (igualdad salarial, licencia de maternidad pre y post natal, prevención del acoso sexual en el trabajo), financiera (acceso a créditos y microcréditos), y otras tantas. Sin embargo, cuando se trata de la esfera privada y el ejercicio de la libertad sexual, con frecuencia pareciera que el pensamiento sesgado y la doble moral, llevan la delantera en esta lucha. Esa mentalidad cargada de juicios, -paradójicamente- tanto de hombres como mujeres, pretende condicionarnos a esa falsa moralidad donde el sexo y su disfrute es un tabú, y ejercerlo libremente nos estigmatiza.


Por mi parte, me gusta la idea de vibrar merecimiento, de empoderarme y empoderar a otras mujeres para ejercer nuestros derechos con absoluta certeza. A nivel de consciencia, me reconozco igual a cualquier otro ser humano. Yo conozco y ejerzo mis libertades sin mayores consideraciones que las propias -incluyendo mi derecho a la libertad sexual-. A nivel práctico, yo vivo. Yo asumo mi sexualidad, la ejerzo libremente, eligiendo todo aquello que considere pertinente para mi felicidad plena, placer y cuidado. Es decir:

  1. Conozco mi cuerpo

  2. Conozco lo que me gusta

  3. Expreso libremente mis deseos, mi identidad sexual y orientación sexual

  4. Sé que soy la única y absoluta dueña de mi cuerpo

  5. Asumo el cuidado de mi salud, desde el uso de anticonceptivos de mi elección hasta el uso de condones y barreras dentales para la prevención de enfermedades

  6. Decido sobre mi cuerpo a la hora de ejercer o no la maternidad, con quién, cómo y cuándo hacerlo

  7. Exijo mi derecho a vivir una vida libre de violencia y particularmente de cualquier forma de coacción o abuso sexual

  8. Exijo respeto y no discriminación por la expresión de mi sexualidad, mi identidad de género o mi orientación sexual

  9. Me educo para el ejercicio de mi libertad sexual

  10. Ayudo a otras mujeres a conocer sus derechos y ejercer sus propias libertades

En definitiva, creo que si realmente queremos cambiar de paradigma con respecto a la libertad sexual y a la igualdad de género, es momento de empezar con nosotras mismas. El sexo es el lenguaje de lo íntimo, no hay nada de degradante ni pernicioso en él. De la misma forma que el pantalón pasó de ser una prenda de vestir exclusiva para hombres, a ser una de las piezas fundamentales en el guardarropa de la mujer; llevar un preservativo en tu cartera de mano y ejercer tu libertad sexual en estos días, no solo es común para ambos géneros, también es natural, sano e increíblemente placentero.


“La independencia es felicidad” Susan B. Anthony


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