(Mujeres) Políticas


Paola Guerra & María Veruschka Dávila


¿Yo Trabajadora Social o Yo Política?


Mi vocación de servicio es de lo único de lo que siempre he estado segura acerca de mí. Servir y trabajar de la mano con otros, es donde encuentro mi verdadera felicidad y más aún, cuando la meta final es un bien común. Durante todos mis años de formación, tanto en el colegio como en la universidad, pensé en trabajar en organizaciones sin fines de lucro para poder mejorar la vida de las comunidades más vulnerables. Por eso, en cuanto tuve la oportunidad, me fui a trabajar como voluntaria en una ONG en India.


Allí apoyé a adolescentes provenientes de áreas rurales y cuya situación de pobreza y/o de abandono familiar, les obligada a vivir en un internado a cargo del Estado. Rápidamente me di cuenta de que la sexualidad femenina era un tabú y que desconocían todo el proceso de cambio por el que pasarían sus cuerpos durante la pubertad. Por esta razón, me aventuré a proponer una clase de salud que iniciaba con nociones básicas de anatomía, pasando por temas de higiene personal hasta llegar a temas de planificación familiar; todo ello con el propósito de brindarles herramientas adicionales para su futuro. Esta clase era opcional, así que me llené de alegría al darme cuenta que después de empezar con 30 estudiantes, terminé con 70 jóvenes ávidas de información sobre sus cuerpos.


Al final de mi estadía, me dijeron lo que aprendieron y cómo iban a tratar de pasar ese conocimiento no solo entre sus amigas, sino de generación en generación. En ese momento, me di cuenta de que lo que había hecho probablemente las ayudaría a tener un mejor futuro, pero fueron 70 adolescentes; y yo, realmente quería impactar al mayor número posible de personas. Decidí que quería causar un mayor impacto y para lograrlo, necesitaba empezar por las generaciones más jóvenes en cualquier comunidad. Además, comprendí que en lugar del trabajo social o la filantropía, son las políticas públicas las que brindan la herramienta más idónea para impactar la vida de millones de personas.


Entendí también que quiero formar parte de una nueva generación que trabaje junto a las comunidades, para incorporar sus necesidades y recursos en el diseño de políticas públicas. Una generación con ganas de trabajar, preparada, donde la transparencia sea la piedra angular de nuestro trabajo, con una mente abierta y humilde para conectar con otros. Ser política representa un verdadero reto en todos los países del mundo, sin embargo, es un reto aún mayor en los países latinoamericanos debido a la cultural patriarcal que envuelve a esta región.


Al principio de mi trayectoria, no veía una desigualdad tan evidente entre mujeres y hombres en el área laboral. Para dar un poco de contexto, fui criada con la mentalidad de que podía hacer cualquier cosa que quisiera sin que mi género fuera un determinante y mucho menos, una limitante; pero, mientras más avanzo en mi carrera, se hace más evidente la diferencia. Ahora siento la responsabilidad de alzar mi voz para asegurarme de tener las mismas oportunidades que tienen los hombres, ya que, en la política, si guardas silencio y nunca asumes tu propio liderazgo, jamás vas a poder dar tu aporte, no importa lo preparada que estés.


Paradójicamente, tampoco puedes mostrarte muy apasionada o determinada porque te tildan de intensa, histérica y hasta hormonal, e inmediatamente ponen en duda tus capacidades intelectuales y tu trayectoria. Es una noción de asertividad bastante engañosa, porque las mujeres luchamos con unos estereotipos de género que cuestionan constantemente nuestra capacidad de liderazgo a nivel político, y para ser tomada en cuenta y liderar, necesitas derrumbarlos o sortearlos uno a uno, creando el menor alboroto posible.


Por mi parte, no creo que en la política deba haber más mujeres por el simple hecho de ser mujeres, creo que a pesar de los techos de cristal, el mundo seguirá evolucionando y se nos permitirá cada vez más a las mujeres con convicción y determinación, llegar tan lejos como queremos y no tan lejos como el sistema patriarcal lo permita. Mientras tanto, aquí seguiremos abriéndonos paso con osadía y muy a pesar del sistema, los estereotipos y los roles que pretenden imponernos.


Nosotras Políticas y Ciudadanas


¿Se han fijado que hablamos de políticos y de mujeres en la política? Así, como si fuera una rareza, o una subcategoría dentro de un concepto macro… bueno, esa es exactamente la representación lingüística de una realidad amarga y compleja. En todo caso y gústele a quien le guste, aquí estamos nosotras, políticas, empoderadas y empoderadoras, liderando el cambio y el progreso que queremos ver.


Muchas han sido las etiquetas a las cuáles nos hemos tenido que enfrentar las mujeres a lo largo de la historia, ya sea por nuestro modo de pensar, nuestras acciones e incluso, por nuestras pasiones. Una pasión que puede resultar inesperada para algunos, por desafiar los roles de género tradicionales, o socialmente aceptados para nuestra época.


Las mujeres hemos debido librar una batalla que no es nuestra sino de la sociedad y a la que puede que todos hayan/hayamos contribuido en algún momento, asumiendo muchas veces que la desigualdad es lo normal, guardando silencio, sin atrevernos a cuestionar tal situación. Lo cierto es que hoy, gracias al trabajo incasable de unas, muchas gozamos del reconocimiento de los derechos y oportunidades que merecemos. Por eso, hoy, dedico estas líneas al reconocimiento de esas mujeres que se han abocado al ejercicio de su vocación de servicio desde lo público, transformando la vida de miles y millones de personas. Hoy, quiero reconocer nuestro potencial de transformar nuestro entorno y nuestras sociedades, una vez que logramos romper los techos de cristal y superar esos obstáculos que nos separan de la igualdad.


Pienso en Marie Curie, en Valentina Tereshkova, en Margaret Tahtcher, en María Estela Martínez de Perón, en Tamara Adrián, en Emmeline Pankhurst, en Verónica Alonso, por mencionar algunas entre tantas. Advierto que su destacada participación en la historia, en la política o en la ciencia, tienen tres elementos en común: su pensamiento crítico, su fortaleza para desafiar los roles de género de su época, y la libertad de permitirse ser incómodas o diferentes.


Puede que el término de empoderamiento de las mujeres, como estrategia para la igualdad y la equidad nos parezca novedoso, pero la verdad es que fue impulsado en la Conferencia Mundial de las Mujeres de Naciones Unidas en Beijing en 1995 y es ahora cuando ha llegado a su punto máximo de popularidad.


El aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder es posible solo mediante nuestra activa participación como ciudadanas y políticas, al tiempo que se impulsan nuestras reivindicaciones sociales por medio de la sensibilización de la opinión pública.


El campo de la política no es una excepción y hoy más que nunca, las mujeres alzamos nuestras voces en las respectivas esferas del poder público para llevar a cabo proyectos, leyes y políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades para todas y todos.


Sin embargo necesitamos más, muchas más. Necesitamos más mujeres cuya voluntad política se traduzca en más leyes, proyectos, programas, políticas, asignaciones presupuestarias, análisis estadísticos de tendencias, sistemas de información y redes de apoyo para impulsar la agenda de género. La conquista de la mujer en la política, como espacio ocupado históricamente por hombres, es un cambio de paradigma que voy seguir promoviendo.


Estando actualmente residenciada en Uruguay, he tenido la oportunidad de deleitarme con los logros de las mujeres que se han labrado un camino en la política y que con paso firme se han dejado su huella en la historia. Desde la primera Legisladora Sofia Álvarez Demicheli, hasta la primera candidata Presidencial, Nelly Margarita Pérez de Lima.


Nunca olvidaré la anécdota de una mamá, cuyo único hijo le preguntaba sorprendido si los hombres podían ser Presidentes al notar el ascenso de Macri al poder, y es que por supuesto, el chiquito había nacido y crecido en una Argentina liderada por Cristina Fernández. A su corta edad, y por primera vez en su vida, veía a un hombre alcanzar el máximo cargo del Poder Ejecutivo en su país. Lo que probablemente aún desconoce este pequeño, es que en el mundo de los adultos, la sorpresa sigue siendo ver a una mujer llegar a la cúspide del poder político. De hecho, en la actualidad, no existe ninguna Presidenta en el continente americano. Así de icónicos y trascendentales son los roles modelos en nuestra sociedad, y solo por eso, solo por el simple hecho de garantizar la oportunidad a cualquier niña de soñar y ser lo que desee ser, es que todas debemos seguir impulsando esta lucha por la igualdad con nuestras respectivas representantes en la política. Por ustedes y por nosotras, ¡Vamos por más!




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