Marisela Castillo: Periodista de Corazón Humanitario

Desde el año 2009 cuando me gradué de periodista, he dedicado mi vida a informar a los venezolanos. Lo he hecho en un contexto adverso, difícil y hostil, en una Venezuela gobernada por Hugo Chávez y Nicolás Maduro. A pesar de esto, siempre he tenido el privilegio de trabajar en medios de comunicación con los que he compartido la línea editorial. Primero lo hice en Radio Caracas Televisión, después en el diario TalCual y luego en Radio Caracas Radio 750 am.


Estando en la radio, conduje el programa “Hoy no es un día cualquiera” por cuatro años. Un espacio que me permitió tener el pulso de los acontecimientos, de la calle y de la opinión de las personas sobre la situación venezolana. A través de estos micrófonos fui testigo de cómo día a día se acentuaba la crisis humanitaria.


En el programa de radio se abordaban temas y entrevistas relacionados con política, economía y actualidad y siempre recibíamos llamadas de la audiencia para conocer su opinión sobre lo que estábamos tratando. Esta situación fue cambiando con el tiempo. El programa, a pesar de que mantenía la misma estructura, la misma dinámica, comenzaba a cambiar, sin darnos cuenta. Eventualmente y mientras el tiempo iba pasando, fuimos recibiendo llamadas, con cada vez más frecuencia, de personas pidiendo medicamentos o insumos médicos.


Estas llamadas de la audiencia fueron incrementando mes a mes, año tras año. Recuerdo diferentes episodios que me marcaron. Uno de ellos fue con una señora de la tercera edad cuando llamó llorando al programa desesperada pidiendo por la caridad de quien la estuviera escuchando porque no encontraba sus medicamentos. “Me voy a morir hija, me voy a morir porque no encuentro mis medicinas. Unas están muy caras, otras no las encuentro”. Así me dijo. Al aire, en vivo. Sus palabras retumbaron en mis oídos.


Aunque todos los días cubría la situación y se me hacía familiar la escasez de alimentos y medicinas, ese episodio me hizo darme cuenta de que, debía detenerme, pensar por unos segundos y caer en cuenta de lo que significaba aquella llamada: Los venezolanos se están muriendo porque no encuentran medicinas ni insumos médicos.


Otro episodio que me marcó fue una entrevista a un padre de un niño venezolano de 4 años que murió porque no encontraban un medicamento para curar un cáncer agresivo que lo aquejaba. Ese niño se murió. Lloré toda la entrevista y la audiencia lloró conmigo. Todos horrorizados e indignados por la historia que estábamos oyendo. Mucha injusticia junta en tan pocos minutos.


Mientras que escribo esto, intento hacer memoria sobre otros momentos que me marcaron. Recuerdo que en una oportunidad estando yo al aire en mi hora habitual, mi productor, un joven extraordinario de 22 años, me dice al oído que a la radio acababa de llegar una paciente del Hospital Luis Razetti. No tenía nada de particular aquella visita. Siempre recibía personas y escuchaba sus denuncias. Tomaba nota, registraba sus teléfonos y hacíamos la denuncia al día siguiente. La diferencia con esta paciente es que, literal, venía del Hospital, tenía la vía puesta pegada con adhesivo a su muñeca y un gorro médico que cubría su cabeza y disimulaba el tumor que tenía en el cerebro. “Marisary (así me llama la audiencia) me acabo de escapar del hospital. Estoy harta. Me han ingresado al pabellón 4 veces y antes de que me operen siempre me sacan porque no tienen los insumos y las maquinas no funcionan. Yo necesito que me entrevistes para yo denunciar esta situación”. Me quedé en el sitio. Fría, helada. No podía creer lo que estaba pasando. Le dije que sí. Tumbamos toda la agenda del programa de ese día y la entrevisté. La señora denunció todo, aunque tenía mucho miedo a represalias del gobierno, denunció absolutamente todo: o la mataba el cáncer o la mataba el gobierno por no garantizarle la salud. Al finalizar el programa me paré de mi silla y cuando le estaba dando un abrazo su celular sonó: ¡Era el director del hospital! Habían escuchado el programa y querían ayudarla.


Este episodio además de alegrarme hizo que terminara de entender que tenía en mis manos la posibilidad de ayudar a las personas. Con este tipo de situaciones, comencé a sentir que no era suficiente lo que estaba haciendo. Eventualmente, y ante la crisis humanitaria de Venezuela, ser periodista fue insuficiente para mí. Empecé a sentir que debía hacer algo más.

Y así fue como surgió la ONG Acción Humanitaria por Venezuela. Una fundación que tengo el gusto de dirigir con un grupo de mujeres extraordinarias desde hace más de 3 años con lo cual dotamos a hospitales y ambulatorios de medicinas e insumos médicos; además, atendemos la desnutrición infantil en zonas rurales a través del programa Nutriendo La Esperanza.


Desde este espacio estamos comprometidos con 3 objetivos de desarrollo sostenible: hambre cero, superación de la pobreza y salud y bienestar, pero, sobre todo, con la dignidad de los venezolanos. Trabajamos para que recuperen sus vidas, para que tengan la oportunidad de soñar, de trabajar y de superarse.


Esta es mi historia… Así fue cómo pasé del periodismo al emprendimiento social.



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