Liderazgo Invisible

Verónica Álvarez


Sin darnos cuenta, desde diciembre de 2019, la vida nos ha obligado a transformarnos por la pandemia que estamos viviendo. Como bien lo dijo Phumzile Mlambo-Ngcuka, secretaria general adjunta de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y directora ejecutiva de ONU Mujeres, este no es sólo un problema de salud, “es un shock profundo para nuestras sociedades y economías”. Es en estos momentos de incertidumbre e impotencia que buscamos a los líderes mundiales para que nos guíen y nos den esperanza a través de su liderazgo. Sin embargo, las cifras han demostrado que quienes han asumido este liderazgo son las mujeres que nos rodean, sin puestos de liderazgo tradicionales, en donde cada una, a través de su servicio, ha marcado la vida de todos.


Hemos visto líderes tradicionales ejemplares que han buscado generar un impacto positivo con propuestas innovadoras. Como por ejemplo Erna Solberg, primera ministra de Noruega, quien implementó una rueda de prensa exclusiva para niños. Estos le hicieron preguntas basadas en sus preocupaciones y ella les aseguró que es normal tener miedo, mensaje que nos sirve también a los adultos. Así mismo está la primera ministra de Finlandia Sanna Marin, quien a pesar de tener el reto de llevar sólo tres meses en el cargo y ser la política más joven del mundo en encabezar un gobierno, asumió el control de todas las reservas farmacéuticas y equipos médicos del país para asegurar la eficiencia en distribución y prevención de especulación de precios. En Nueva Zelanda está la primera ministra Jacinda Ardern, líder que demostró convicción cuando su país vivió la masacre de Christchurch. Ante la crisis actual ha vuelto a demostrar sus cualidades, dándole tranquilidad y seguridad al país. En Ecuador está María Paula Romo, ministra de interior, quién sin ser presidente, se ha convertido en la voz de autoridad y referencia de información para los ciudadanos; no sólo bajo las condiciones sin precedentes de la pandemia, sino también ante el paro nacional que vivió el país hace unos meses. Puede ser que todavía sea muy temprano para medir la efectividad de las decisiones tomadas por estas líderes, pero cuando nos corresponda hacerlo debemos tomar en cuenta la complejidad del reto.


Lo que sí podemos ver con certeza y de manera inmediata es la eficiencia que han demostrado las mujeres en puestos de liderazgo no tradicionales. La Organización Mundial de la Salud manifestó que son las mujeres quienes están en la primera línea de batalla ante la pandemia. De hecho, en todo el mundo, las mujeres forman el 70% de los trabajadores en el sector salud y asistencia social, incluyendo enfermeras, parteras, personal de limpieza y de lavanderías. En las Américas, las mujeres forman el 86% del personal de enfermería, en el mundo no son menos del 65%. Además, estas mujeres reciben un salario 11% menor que los hombres en los mismos puestos. Es importante destacar que este porcentaje no incluye las mujeres en sectores informales, como trabajadoras domésticas y cuidadoras. Mientras la mayoría de los centros de salud se ven abrumados por la cantidad de pacientes, en los hogares se multiplican las exigencias hacia las mujeres, quienes buscan balancear el cuidado de los enfermos con sus propias responsabilidades laborales y de crianza. En cifras, esto representa que la mujer realiza el 76% del trabajo no remunerado de cuidados. Se debe tener en cuenta también a las madres profesionales, quienes están desempeñando su empleo a través del teletrabajo, que además se han convertido en profesoras de tiempo completo mientras sus hijos han sido obligados a estudiar en casa.


Es por esto que en Amazona Foundation queremos reiterar la importancia de apostar por mujeres en posiciones de liderazgo tradicionales, que representan nuestras necesidades diarias y más aún en tiempos de crisis. A la hora de hacer política se debe asegurar la atención médica integral a todos los ciudadanos sin distinción, las licencias de enfermedad remuneradas, sistemas de protección eficaces para mujeres y niños que sufran de violencia doméstica, flexibilidad del empleo a las responsabilidades de cuidado y crianza. Debemos implementar políticas destinadas a cerrar la brecha de género para incentivar y proteger a toda la población, sobre todo en tiempos de crisis.


Por consiguiente, “me quito el sombrero” ante las mujeres que están en puestos de liderazgo no tradicionales. Que a pesar de no tener incentivos económicos siguen luchando por la sociedad. A las madres cabeza de familia que también se desempeñan como profesoras, chefs, trabajadoras domésticas y doctoras; a las cajeras de los bancos, farmacias y supermercados; a las mujeres que se encargan de limpiar y mantener la higiene en los pocos lugares que siguen abiertos y funcionando; a las que cocinan para otros y traen comida a domicilio; a las doctoras y enfermeras que ahora trabajan más horas que nunca, cuya labor es tan demandante como frustrante en tiempos de crisis; y finalmente, a todas aquellas que siguen poniendo su vida en riesgo por el bienestar colectivo. Tal como lo dice una de las líderes en mi vida, “el liderazgo viene de apropiarnos de nuestros roles como seres humanos, de ser responsables de nuestro compromiso con la vida y de sobreponernos a los obstáculos que encontramos en el camino”.






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