“Flora, Tú NO Le Perteneces Al Cáncer”

Madrid, verano 2017


Hola, me llamo Florangel, tengo 31 años y mi vida está a punto de cambiar.

Salgo de bañarme y como es costumbre, me echo crema en todo el cuerpo. Comienzo por mis piernas, sigo por mis brazos y de último mi barriga y mis senos. Justo cuando llego a esa parte noto que, en mi seno derecho, hay una pequeña bolita. Me parece súper raro, pero pienso “estoy ovulando” y decido esperar una semana más…. Una semana después, ahí seguía.


Hago una cita con mi médico de cabecera, y me informa que la bolita tenía nombre: nódulo. Tenía un nódulo en mi mama derecha (desde ese día, mis senos empezaron a llamarse mamas y la bolita, nódulo). Así es como me refirieron para que me hicieran un eco dentro de dos meses. Llegó el día y me sentía tanto asustada como intimidada; en ese exámen estaban presentes la Doctora principal y tres estudiantes de medicina. Todos me examinaron. Rápidamente se dieron cuenta que no eran uno, sino dos nódulos, por lo que esta vez me refieren para que me hagan una punción. Está de más decir que mis sentidos de alerta se encendieron de inmediato e hice lo peor y lo mejor que se puede hacer ante alguna incertidumbre: Googlear, no les quiero ni contar todo lo que me auto-diagnostiqué.


La semana siguiente me hicieron la punción, estaba completamente aterrada. El resultado debió estar listo en los próximos 21 días, pero para mi sorpresa, antes de que se cumplieran las dos semanas me llamaron para darme los resultados. Fue la primera vez que mis pensamientos, que venían mencionando un nombre que no quería oír, lo dijeron tan fuerte que casi oí gritos: ¡CÁNCER!

-Doctor, ¿tengo cáncer?

- No te anticipes, tenemos el nombre pero todavía no tenemos el apellido, se llama fibroma, y para saber el apellido tenemos que hacerte varios exámenes pre-operatorios para poder obtener una muestra y practicarle una biopsia.

-Ok.


Hasta ese momento de lo único que estaba segura es que la bolita ya no era un nódulo sino una fibroma. Pasó un mes; un mes en el que casi ni podía dormir esperando la cita para la biopsia. Como no me llamaban, decidí irme al hospital a hablar con mi médico de cabera y aunque no pudo ayudarme él directamente, sí me explicó cómo hacer para lograr que me adelantaran mi cita. Me la realizarían en las próximas dos semanas. Llegó el día, el 25 de octubre entré en quirófano, me abrieron por la areola y extrajeron parte de mi antigua bolita, ahora fibroma, y me dijeron que me llamarían para darme los resultados. A la semana se me comunicaron conmigo por teléfono para pedirme que fuera a buscar los resultados. Fui a la cita con mi mamá, recuerdo estar sentada frente al médico, sintiendo un dolor de barriga que no puedo ni describir, con unas ganas de llorar horribles. Aún sin tener un diagnóstico exacto, las manos me sudaban y yo lo único que pensaba era que ojalá pasara lo que pasara, mi mamá no se lo tomara con mucho drama (creo en realidad era yo tratando de pensar que era mi mamá la que estaba asustada y no yo).

-Te detectamos un carcinoma ductal infiltrante.

-¿Tengo cáncer?

-Sí

-Me voy a morir?

- . . . Ya no recuerdo la respuesta, ya no recuerdo si esto lo pensé o de verdad esas palabras llegaron a salir de mi boca.


Fui diagnosticada con cáncer el 10 de noviembre de 2017 (tres días antes de mi cumpleaños). Una junta médica decidió mi tratamiento ya que era muy joven y no existían antecedentes de cáncer en mi familia. Pasaron algunos días y me contactaron para informarme que necesitaba una mastectomía bilateral completa, es decir, necesitaban extirpar pezón, areola y todo el tejido mamario de ambas mamas. Los doctores me explicaron que cuando se es joven, hay un alto riesgo de que se desarrolle un cáncer en la otra mama, por lo que estaban sugiriendo vaciar las dos, y no solo la que estaba afectada; además, tomando en cuenta que, en los pezones es donde hay muchas más glándulas, es allí donde hay muchas más probabilidades de que se desarrolle un cáncer. De hecho, ese era mi caso, mi cáncer estaba pegado a la areola de mi mama derecha.


-Voy a decir que lo consulté con mi almohada y decidí aceptar la propuesta.

Entre ese día y el de mi operación, tuve días en los cuales estaba convencida de que todo iba a salir bien y otros, en los que el miedo me invadía. Fueron pocos días pero los sentí como una eternidad. Recuerdo sentir que no tenía derecho a sentirme bien, porque cada vez que intentaba ser optimista, una nueva mala noticia me llegaba.

Justo antes de la operación me informaron que existían altas posibilidades de que el tratamiento afectara mi fertilidad así que me remitieron a un especialista para congelar mis óvulos, pero mi cuerpo no respondió al tratamiento y en definitiva, no produjo la cantidad suficiente de ovocitos para ser extraídos y congelados. En la última consulta, me informan que no iba a ser posible la extracción y tal como dije antes, sentí que apenas me recuperaba de una mala noticia, otra me llegaba por la espalda y me volvía a tumbar.


-¿Quiero ser mamá? -No ahora, pero claro que sí, además, no hay nada más importante para el ser humano que tener la posibilidad de decidir, no importa si quiero o no, pero quiero poder elegir lo que quiero para mí. Lloré muchísimo, trataron de tranquilizarme y explicarme que esto no era un hecho irreversible y que, a pesar de todo, existían probabilidades de poder quedar embarazada más adelante.


-¿Por qué a mi? ¿por qué si en mi familia no hay antecedentes de cáncer? ¿por qué tan joven? ¿Importa la edad? Recuerdo una conversación en la que alguien me dijo “Bueno Florangel, esto paso por algo …”, tuve que tragar grueso y asentir.


Fui operada quince días después de recibir el diagnóstico. La junta médica también resolvió que debía someterme a dos fases de quimioterapia: la primera de 4 sesiones, 1 cada 21 días y la segunda de 12 sesiones semanales. Por el momento, se descartó la radioterapia visto que mi micrometástasis no había llegado a otro lado. Fue el diciembre más extraño que he vivido y la verdad no sabría decir exactamente cómo me sentía, tuve días buenos y días muy, muy malos.


Justo antes de empezar con las quimioterapias mi médico me explicó todos los cambios que iba a experimentar, física y anímicamente. Me recomendó que me cortara el cabello ya que lo perdería el dia 14.


-¡Mierda! Sin tetas, sin pezones, sin pelo. ¿Qué soy? ¿soy mujer todavía? – No, al menos no la misma que conocí hasta hoy, de eso estaba segura.


Empecé mis quimios el 9 de enero de 2018, me pegaron muchísimo, recuerdo que en la tercera sesión del primer ciclo me sentí tan mal que pensé que no lo iba a superar. Tenía muchas náuseas, dolor muscular, un sabor metálico en la boca que no se me quitaba ni cepillándome 20 veces al día y el decaimiento era tal que hasta mi propia respiración me molestaba. Para la segunda fase, aunque era mucho más suave yo estaba exhausta. Solo veía una sola fecha en el calendario y era la de mi última quimioterapia. – ¡Dios, por favor, que llegue rápido ese día!


Cuando finalizó la quimio ni yo misma me lo creía ¿yo viví todo esto? Seguido de un sentimiento de alivio y preguntarme en mi cabeza ¿ya? ¿esto es todo? - Coño ¡¿y que más quieres?!


Luego, resultó ser que la junta médica se había reunido nuevamente y no lograban tomar una decisión sobre si hacerme radioterapia o no. Quienes la apoyaban se basaban en el hecho de que había tenido una micrometástasis y el ganglio que había sido afectado, aunque aparentemente estaba limpio, con la radioterapia era que podrían quemar cualquier micropartícula que la quimioterapia no haya logrado matar. Sin embargo, como ellos no lograban llegar a un acuerdo, me dieron esta información y me pidieron decidir si me sometería a las radio o no. Ya estaba curada, pero esto era una medida preventiva adicional y yo, honestamente, no quiero volver a pasar por esto, así que, si hay que hacerse radio, pues hagamos radio. Fueron 25 sesiones, 1 por día de lunes a viernes hasta concluir el ciclo. La piel en el área localizada estaba quemada, me ardía horrible y en pleno verano en Madrid, donde las temperaturas llegan hasta 40°C me dijeron que NO podía sudar. -¿Qué? ¿y cómo se supone que eso va a ser posible? Tampoco podía usar ninguna tela que no fuese algodón y no podía, evidentemente, exponerme al sol. La axila la tenía en carne viva, tenía que pasar todo el día con la mano en la cintura y para dormir, ni les cuento todas las posiciones que no sabía que mi cuerpo era capaz de lograr.


El 18 de junio de 2018, finalmente, terminé la última radioterapia y mi tratamiento. Salí del consultorio llorando a mares y diciendo en voz alta “¡YAAAAAAAAA! ¡Se acabóooooo! ¡SE ACABÓ ESTA VAINAAAA!”.


Madrid, verano 2018


Hola, me llamo Florangel, tengo 32 años, soy sobreviviente de cáncer y mi vida cambió por completo.


Después de preguntarme mil veces ¿por qué?, entendí que la pregunta correcta era ¿para qué? Cuando me diagnosticaron de cáncer me peleé con Dios, con la vida, con todo el mundo. Tenía muchísima rabia por dentro y yo solo quería gritar y que, en ese grito se me fuera el cáncer y me dijeran que todo había pasado. Pero no, la vida nos pone estas pruebas, por muy ajenas que las sintamos. Yo siempre me sentí exenta de esta enfermedad, eso es algo que le pasa a otra gente, no a mí: a la tía de alguien o quizás a la señora que vive en el edificio, pero a mí no.


En este proceso conocí gente maravillosa que me ayudó a entender este capítulo de mi vida; junto a mi familia y amigos, que son lo más grande que tengo. Mis amigas me regalaron un curso de mindfulness para el manejo de la ansiedad y el estrés, con un enfoque médico para prepararme para el tratamiento. Creo que, sentirme tan querida fue la clave, yo sabía que mis amigas me querían, pero ¡no tenía ni idea de cuánto!. Me sentí muy afortunada ¡Sí! ¡Es muy loco sentirse así cuando estas hasta peleada con Dios, pero sí! Mi familia no se dio descanso hasta mi recuperación completa. Mi hermana, que vive en Venezuela, no pudo venir pero no hubo día que no estuviese pendiente de mí; mi hermano, que vive en USA, se vino en cuanto se enteró y mi mamá que estaba de “vacaciones”, decidió quedarse hasta el final. Mi mejor amiga, que vive en París, se vino al día siguiente de conocer el diagnóstico, y mis amigos que están aquí en España estuvieron TODO el tiempo conmigo; los que no pudieron viajar, hacían todo tipo de investigaciones, me mandaban videos, me recomendaban libros, blogs y documentales: todo para mi pronta recuperación.


A mitad de mi batalla con el cáncer entendí que esto es más común de lo que uno cree, y que es muy importante tocarse, revisarse y estar alerta ante cualquier cambio. Decidí que quería compartir mi historia para que mis amigas y todas las personas a mi alrededor, supieran que nadie está exento, que no importa si "no estás en la edad”, si no hay antecedentes en tu familia, la verdad es que hay que estar muy pendiente. En mi caso, lo descubrí por casualidad, ni siquiera estaba haciéndome un autoexamen y de verdad agradezco que me sentí esa bolita, porque quizás más adelante, hubiese sido demasiado tarde. Hay muchos tipos de cáncer, unos son hormonodependientes y otros no. La diferencia entre poder tratar el cáncer o que se encuentre en un estado irreversible, es la detección oportuna: hay muchas más posibilidades de salir victoriosa ante una detección temprana.


Hoy, sigo en casa con un tratamiento hormonal vía oral y una vez al mes debo inyectarme. La inyección inhibe la producción de óvulos, ya que mi tumor era hormonodependiente y en caso de embarazo, una alteración hormonal dentro de los próximos 2 años constituye un factor de riesgo para mí. Ya no tengo la menstruación, tengo calorones y ahora es cuando estoy liberándome (con terapia) de esa voz que me decía ¡quizás nunca podrás ser mamá!. No sé si podré ser madre, si puedo serlo, no sé cuándo podrá suceder; lo único que sé es que hay casos en los cuales los médicos han cortado total o parcialmente las esperanzas de otras sobrevivientes de ser madres algún día y al final, lo logran. Seré mamá si Dios así lo quiere (¡sí, ese Dios con el que me peleé al principio, él mismo!). En caso contrario, seré una excelente tía. Sigue siendo difícil para mí porque es muy reciente, pero no me quita el sueño ni la paz. No descartaría la posibilidad de adoptar, aunque tampoco necesito ser mamá cueste lo que cueste. Le pido a Dios que si no tengo la oportunidad de serlo, me dé la fortaleza de aceptarlo.


¡Te toca tocarte! Hazte un examen regularmente, pregúntale a tu ginecólogo. Yo, en febrero 2017 fui a mi consulta y estaba perfecta y en junio de ese mismo año ya tenía la bolita. Todo fue muy muy rápido. Escoge una fecha en tu calendario y ¡TÓCATE!.


Apoyo a cualquier persona que esté batallando esta enfermedad, hay mucho por aprender, el cáncer te hace abrir los ojos a las cosas realmente importantes de la vida. Hay que vivir el presente sin arrastrar el pasado, no adelantarse a vivir un futuro, que no se sabe si existirá. ¡Vive AHORA!, ¡HOY! Está presente en cada cosa que vives, dale importancia a las cosas que realmente la tienen, más allá de lo material, lo económico, lo profesional, etc., hay cosas más importantes como la vida misma, agradece la oportunidad de estar viva. Si estás pasando por esto, quiero decirte que esta enfermedad ha llegado para transformarte y para enseñarte, pero a diferencia de lo que la gente puede pensar, muchos de los casos son tratados exitosamente y te aseguro que lo vas a terminar fortalecida, como una versión 2.0 de ti misma.


Espero que todas las mujeres que lean mi historia se toquen mucho, se quieran y se valoren mucho más, aún en la enfermedad. No tengas miedo a perder un seno o dos; los cambios físicos que implican un vaciado de mama y extirpar un pezón son demasiado fuertes porque van más allá de la mera vanidad. El impacto visual de verse sin pezones es enorme. Batallar con esta enfermedad no es fácil, ver los cambios físicos tampoco. Mis senos no son más bonitos ahora, pero los agradezco y los quiero. No tener pezones no nos hace menos mujeres. La tecnología ha avanzado mucho, los pezones tatuados en 3D son muy reales, y desde que los tengo, aunque me cueste desnudarme y tenga que trabajarlo con mi psicóloga para superarlo, la verdad es que me siento con más confianza.


Gracias por leer mi historia, esta tiene nombre y es la mía, pero puede ser la tuya o la de alguien cercano a ti, ¡infórmate!, habla con tu ginecólogo y por favor ¡TÓCATE! Si quieres ponerle cara a esta historia te invito a ver mi video en YouTube.


Quiero agradecer a mi coach que me ha ayudado muchísimo, también es una sobreviviente de cáncer y me identifiqué mucho con ella. A mi psicóloga, que sin su ayuda, esta parte de mi historia no podría ser contada de la misma forma; a una persona especial que encontré en mi curso de mindfulness y me mostró algo más allá de lo evidente, por supuesto a mi familia, a mis amig@s y a quién me dijo que no estaba conmigo por como me veía sino por lo que soy. Todos ustedes son parte de este proceso, de esta batalla ¡y de esta victoria!


¡GRACIAS!


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