Experiencias de Empoderamiento a través de la Estética Afro


Ana Cristina Murillo, Adriana Sinisterra, Carolina Giraldo, Yuly Campiño & Ely Cossio

“El feminismo será antirracista o no será” Angela Davis


Históricamente, las mujeres negras han enfrentado – y aún enfrentan- diferentes retos y/o obstáculos sociales y culturales que limitan no solo su agencia* como sujetos políticos, sino su pleno desarrollo en sociedad. El uso y porte del pelo natural, por ejemplo, es una decisión que lleva consigo un gran estigma social, pero que necesariamente libera de los estereotipos de belleza eurocéntricos. Llevar el pelo natural, no sólo empodera, sino que representa un acto político, de resistencia y de liberación de las cadenas mentales del desconocimiento.


Desde África, donde el cabello era una representación externa de pertenencia, hasta las icónicas mujeres del Black Panther Party en los Estados Unidos que nos demostraron que “Black is beautiful” - lo negro es bonito- y desafiaron el estatus quo de la “belleza occidental”, el cabello natural ha sido un hilo ininterrumpido de unidad entre la diáspora negra, un símbolo de resistencia, de lucha, una herramienta unificadora de la libertad, de afirmación, de reconocimiento y de amor propio.


Para entender porqué una mujer rizada y/o afro se alisa el cabello, hay que aclarar en primer lugar que no es un acto meramente estético ni de elección “personal”. Resulta posible comprender dicho patrón si indagamos en los antecedentes históricos del falso descubrimiento de América y la colonización. Pues, a pesar de que la historia de África no comienza con la esclavización, este fue un punto de quiebre y determinante para lo que hoy conocemos como raza, entendido este concepto como una construcción social, basado en la jerarquización de seres humanos a partir del color de la piel. El actual desconocimiento y la falta de apropiación de nuestras raíces africanas tan presentes en todo nuestro continente americano obedecen precisamente a esa imposición social de la que fuimos objeto, al punto de idealizar ciertos estándares de belleza completamente distantes al fenotipo de la mujer indígena y afro.


Desde niñas fue la escasez de representación y de nuestras historias lo que hizo que interiorizáramos de manera tan profunda los preceptos racistas que decían que ser como somos, era igual a ser feas.


Desde Amazona Foundation consideramos importante exponer otras posibilidades de existencia y resistencia que han vivido las mujeres afrolatinas. Por ello, en las siguientes líneas, Ana Cristina Murillo, Adriana Sinisterra, Carolina Giraldo y Yuly Campiño, visibilizan las historias no contadas de odio y amor por las raíces negras, historias de liberación, transformación, resistencia y empoderamiento, historias de descolonización mental y de construcción de identidad desde sus orígenes afros e indígenas.

“De odiarme para blanquearme a amarme para aceptarme”


“En mi caso comencé a transformar lo más susceptible a ser transformado: mi cabello. Esta transformación se dio en dos momentos, a los 12 años, a través del secador y la plancha y a los 17 años, que comencé a alisarme químicamente, lo que me costaba una semana de costras en el cuero cabelludo después de cada sesión. A los 18 años comencé a usar extensiones, y era tal la inseguridad que sentía, que cuando un amigo me vio las extensiones y me preguntó que si yo era “coquimba” (calva), decidí dejarme de alisar para demostrar que no lo era.


Pero ese camino que comencé tal vez por la razón incorrecta me llevó al camino correcto que me ayudó a comenzar a entender, de manera personal, lo que estaba estudiando en la universidad como antropóloga y era cómo el racismo operaba de una forma tan interna que controlaba mi cuerpo y mis decisiones. Del mismo modo, empecé a pensar en cómo desmontar este sistema basado en el dolor, las lágrimas y en el secuestro y esclavización de hombres y mujeres negr@s. Amar mi cabello, mi cuerpo y mis raíces, ha sido la estrategia más efectiva para vencer el racismo interiorizado y para descolonizar mi mente. La raza, a pesar de no ser un hecho biológico real, nos ha llevado a considerar la desigualdad como algo natural ligado al color de piel, y ha hecho que negrxs africanxs y de la diáspora seamos herederos de años y años de desposesión.” Ana Cristina Murillo-Granados


“Desde el color de mi piel, hasta la textura de mi cabello, hasta el largo de mis mechones, hasta la amplitud de mi sonrisa: mi negrura es hermosa”


Yo nací y crecí en Buenaventura, una ciudad mayoritariamente de población afrocolombiana. Allí, la mayoría de las niñas afro-rizadas esperamos con anhelo cumplir los 15 años para ser alisadas por primera vez, usando productos químicos que maltratan nuestro cabello. Un proceso a través del cual vivíamos en carne propia el dicho “la belleza duele”, pero era este sufrimiento el que nos permitía cierto grado de aceptación, puesto que se asumía que nos veíamos más bellas y profesionales.


Actualmente estoy viviendo mi proceso de transición, el cuál se entiende como un proceso físico y mental en el que decides cortar todo el cabello tratado con alisadores y dejar crecer el cabello afro sin modificaciones con químicos o calor. Una vez que dejé de aplicar químicos en mi cabello, no lograba recordar cómo era la forma de mi rizo natural, tampoco sabía cómo cuidarlo, había pasado la mitad de mi vida tratando de esconderlo. Por otro lado, durante mi proceso, en numerosas ocasiones, al mirarme al espejo, no me reconocía y no me gustaba lo que veía. No fue una decisión fácil, pero me fortalece el hecho de que esta decisión no fue tomada con base a una moda temporal, sino justificada en la necesidad de reivindicación y reconocimiento de mi identidad, y de saber que ni mi cabello ni algún otro aspecto físico me define como persona valiosa.” Adriana Liseth Sinisterra Benítez


Del botox al afro: Un viaje liberador y sin tiquete de regreso


“Hace unos años emprendí un viaje que cambió mi vida, me fui a estudiar a Brasil, donde el movimiento negro, feminista y por la lucha por la reivindicación de nuestros cuerpos y estéticas estaba en auge. El ambiente donde me desenvolvía estaba lleno de mujeres que como acto de resistencia iniciaron o estaban pasando su proceso de transición para retornar a sus cabellos afros y rizados. Confieso que en ese momento no entendía nada y no me era familiar, pero, con el paso de los años fui aprendiendo, conociendo y entendiendo, es tanto así que dejé de alisarme por casi dos años, estaba decidida a volver a lo natural, a conocer su textura, a reconocerme. Pero, infelizmente este proceso no culminó bien, pues en 2018, cuando regresé a Colombia y me reencontré con mis amigas, muchas me preguntaron “¿qué le pasa a tu cabello?”- era una mezcla de liso con crespos y mucho frizz-, ¿por qué no te alisas?” Contestaba “ahora no, estoy sin trabajo, más adelante”, creía que superaría esta presión social. En mayo de 2018 una compañera de trabajo me dijo, “Caro, imagínate que una amiga se hizo el botox capilar, una técnica de alisado, que a vos te quedaría súper”, y caí de nuevo, por esos días cumplía años así que de regalo me di el alisado perfecto con el nuevo proceso: un grave error. Con los días, empecé a mirarme al espejo y a no reconocerme, ya no me sentía la mujer hermosa con ese cabello liso, sin saberlo había iniciado años atrás un proceso de cambio que no tiene regreso, así que, en noviembre de 2018, en un viaje que hice a Brasil, decidí cortarme el cabello para iniciar la transición. Brasil era el lugar perfecto para iniciarlo, es el lugar que para mí representa la transformación de mi vida.” Elsa Carolina Giraldo Orejuela


Mi cabello, tiene nombre propio, ¡se llama EMPODERAMIENTO!


"Al ser una mujer negra que vivía en una ciudad como Bogotá, donde la gran mayoría de las mujeres son mestizas, me avergonzaba llevar mi cabello rizado, y como una estrategia para encajar en una sociedad con ideas euro centradas de belleza, expuse mi cabello al uso de diversos productos químicos, llegando al punto de aclarar hasta el color de mis cejas, además utilicé extensiones y en muchas ocasiones me sometí a tratamientos para “soltar la onda” de mis crespos.


Cuando pienso en mi proceso de transición, recuerdo a una mujer insegura que deseaba pasar desapercibida en medio de las personas y ser aceptada por todos, la misma, que hoy por hoy camina segura de sí misma, habla con más determinación y defiende sus ideas sin temor a la reacción de los demás. Mi cabello me dio la seguridad que la sociedad y los estándares de belleza occidentales me habían quitado, transformando mi vida y siendo ejemplo hoy para muchas mujeres de mi familia de las que en un inicio recibí críticas. De hecho, actualmente mi madre, tras someter su cabello a procesos químicos durante más de 20 años se encuentra en medio de su proceso de transición. En sus ojos veo temor y ansiedad a lo desconocido, pero me alegra saber que ella también decidió auto cuestionar su identidad." Yuly Paola Campiño Gómez


Muchas personas suelen preguntar ¿Es por moda? a lo que nos gustaría responder con un contundente ¡NO! Usar el cabello tal cual nos sale del cuero cabelludo no es una moda, no debería tampoco ser un acto político el decidir que haces con tu cuerpo o no, pero ¡lo es!, porque ha sido rechazado y minimizado por siglos, que hoy el llevar tu cabello al natural, se convierte en un acto que incomoda, que cuestiona y que, a la vez, invita a otros a hacer lo mismo. Esperamos poderlas motivar no solo a usar su cabello natural, sino a auto cuestionar su identidad, a profundizar y conocer sobre tu origen, y que desde tu posición privilegiada o no, te conviertas en una aliada en esta lucha antirracista.


* La antropóloga Ortner define agencia como la habilidad de un individuo de cambiar activamente las condiciones estructurales.


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