Entrevista a Natasha Prosperi, autora del libro ¡Se Termina Conmigo!


Stephany Zakhia, Vanessa Andrades y Betty Gabriela Rodríguez

Natasha Prosperi es la autora del libro ¡Se Termina Conmigo!, publicado en 2017 por FB Libros*. En esta obra relata su proceso enfrentando los abusos vividos durante su infancia. Actualmente se desempeña como trabajadora social, terapeuta entrenada en EMDR, certificada en sandtray en Texas y se enfoca en la atención de niños, niñas, adolescentes y adultos que se están enfrentando al trauma.


Hace unos años, Mariana Herrera le recomendó el libro de Natasha a Betty, pero no fue sino hasta 2020 que ella se sentió lista para leerlo. Al cabo de un año, estaba sentada compartiendo reflexiones en torno a la complejidad del abuso sexual con Erika De La Vega y Sofía Martínez-Campos en el podcast En Defensa Propia. Sin recordar la conexión entre Mariana y Natasha, Betty recomendó su libro y a raíz de la entrevista, conectamos todas para profundizar en esas primeras reflexiones.


Natasha ¿Se puede sanar? Si es así, ¿cuánto tiempo necesitamos para lograrlo?

Sin lugar a dudas se puede sanar. El tiempo depende de cada persona, del terapeuta y del tipo de psicoterapia que estén realizando y de las metas del proceso terapéutico. Si ponemos como ejemplo el de una casa que está vuelta un desastre, yo le pregunto a mis clientes, ¿quieres que arreglemos un cuarto? ¿un piso? ¿o toda la casa? Mientras más profunda es la sanación, más tiempo lleva. También depende de la etapa de la vida en que se encuentra la persona, cuánto apoyo tenga a su alrededor, cuánto tiempo ha pasado reprimiendo y utilizando defensas psicológicas, etc.

¿Cuáles son las etapas del proceso de sanación?

El proceso de sanación es muy personal. Por lo general, las personas llegan a terapia porque alguno de los síntomas, que son consecuencia del abuso, le está afectando su vida actual (depresión, ansiedad, reactividad, problemas interpersonales, etc.) Cuando la persona toma consciencia de que los problemas se originan de las adaptaciones que hizo el cerebro para sobrevivir al abuso, y que sirvieron en su momento, pero que no son de utilidad ahora, es cuando realmente comienza el trabajo terapéutico. Lo primero que se debe hacer en un caso de trauma complejo es estabilizar a la persona y darle herramientas para que no se sienta abrumada. Luego, viene el proceso de reprocesar las memorias, y en esta parte es súper importante que el terapeuta sepa llevar la pauta de la terapia y mantenga al cliente en su ventana de tolerancia. Consíganse un terapeuta especializado en trauma. Y por último, se busca identificar el propósito o el aprendizaje que nos dejó esa experiencia y el proceso de sanación, lo que llaman en inglés el crecimiento postraumático.

¿En qué consiste la terapia de EMDR?

La terapia de desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular (EMDR) es un método de psicoterapia eficaz y ampliamente investigado que ha demostrado ayudar a las personas a recuperarse de un trauma y otras experiencias de vida angustiantes, como el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión y los trastornos de pánico.

La terapia EMDR no requiere hablar en detalle sobre el tema angustiante o completar tareas entre sesiones. La terapia EMDR, en lugar de enfocarse en cambiar emociones, pensamientos o comportamientos resultantes del problema angustiante, permite que el cerebro reanude su proceso de curación natural. La terapia EMDR está diseñada para resolver recuerdos traumáticos no procesados en el cerebro. Para muchos clientes, la terapia EMDR se puede completar en menos sesiones que otras psicoterapias.

Nuestro cerebro tiene una forma natural de recuperarse de recuerdos y eventos traumáticos. Este proceso implica la comunicación entre la amígdala (la señal de alarma para eventos estresantes), el hipocampo (que ayuda con el aprendizaje, incluidos los recuerdos sobre seguridad y peligro) y la corteza prefrontal (que analiza y controla el comportamiento y las emociones). Si bien muchas veces las experiencias traumáticas pueden manejarse y resolverse espontáneamente, es posible que no se procesen sin ayuda.

Las respuestas al estrés son parte de nuestros instintos naturales de lucha, huida o parálisis. Cuando persiste la angustia de un evento perturbador, las imágenes, pensamientos y emociones perturbadoras pueden crear sentimientos abrumadores, como sentir que se está de vuelta a ese momento o de estar "congelado en el tiempo". La terapia EMDR ayuda al cerebro a procesar estos recuerdos y permite que se reanude la curación normal. La experiencia aún se recuerda, pero se resuelve la respuesta de lucha, huida o parálisis del evento original.

¿A quién la recomiendas?

La terapia EMDR ayuda a niños y adultos de todas las edades. Los terapeutas utilizan la terapia EMDR para abordar una amplia gama de desafíos:

  • Ansiedad

  • Ataques de pánico y fobias

  • Enfermedad crónica y problemas médicos

  • Depresión y trastornos bipolares

  • Trastornos disociativos

  • Trastornos de la alimentación

  • Dolor

  • Dolor y pérdida

  • Ansiedad por el desempeño

  • Desorden de personalidad

  • TEPT y otros problemas relacionados con el estrés y el trauma

  • Agresión sexual

  • Alteración del sueño

  • Abuso de sustancias y adicción

  • Violencia y abuso

¿En qué consiste la terapia del cajón de arena?

La terapia del cajón de arena es un tipo de psicoterapia que permite que el paciente exprese sentimientos y experiencias de manera no verbal; construyendo una escena en una caja de arena utilizando miniaturas. Esto permite que el paciente cree una manifestación concreta de algo que a veces es difícil expresar de manera verbal. La parte emocional del cerebro no se comunica con palabras, se comunica con imágenes o metáforas. Utilizando el cajón de arena facilitamos el acceso a nuestra parte emocional. El terapeuta, entrenado en este modo de psicoterapia, facilita el procesamiento de la imagen o escena que el paciente construyó y ayuda a que el paciente haga conexiones o insights.


¿A quién la recomiendas?

A todo el mundo; normalmente la utilizo con niños desde los 8 años de edad hasta con adultos mayores y lo combino con terapia de EMDR.


Natasha, ¿desaparece el trauma de nuestra vida?

Primero tenemos que definir qué es el trauma. El trauma es relativo, el mismo evento puede ser traumático para una persona y no ser traumático para otra. El trauma ocurre cuando nuestro sistema nervioso se ve abrumado por lo que esta ocurriendo en el momento y es incapaz de procesar el evento. Las memorias traumáticas se fragmentan y no pueden ser procesadas por nuestra mente. Luego de ser procesadas, con un proceso terapéutico, las memorias no desaparecen, pero la carga emocional sí. Aprendemos a vivir con el trauma, con nuestra historia y con lo que nos ocurrió. Aprendemos sobre nosotros mismos y nuestras fortalezas.

¿De qué forma podemos evitar el abuso de nuestros hijos? ¿Puede un niño defenderse ante un adulto?

La verdad es que no podemos evitar en un 100% que un adulto abuse de nuestros hijos de la misma manera que no podemos evitar que tengan un accidente automovilístico cuando comienzan a manejar, o de que sean acosados en la escuela. Lo que sí podemos hacer es disminuir el riesgo, y no necesariamente aislando a nuestros hijos o sobre protegiéndolos, porque eso ocasiona otros problemas, como la baja autoestima y la falta de confianza en ellos mismos; y eso per se, los hace más vulnerables a sufrir un abuso sexual. Entonces, ¿de qué manera podemos disminuir el riesgo? El riesgo se disminuye con una crianza respetuosa que refuerce la relación entre padres e hijos de manera que nuestros hijos se sientan lo suficientemente seguros con nosotros para contarnos lo que sea. Lo otro que podemos hacer es darle una educación sexual apropiada de acuerdo a la edad del niño. Recuerden que los depredadores sexuales buscan víctimas fáciles, si saben que el niño tiene una buena relación o comunicación con los padres, una autoestima alta y además un conocimiento de cuál contacto es apropiado cuál no, existen menos probabilidades de que se meta con ese niño porque corre el riesgo de ser descubierto. Un depredador sexual busca víctimas que puede manipular con facilidad.

¿Cómo podemos ayudar a que nuestros hijos encuentren su voz para confiar en mamá o papá?

Dándole opciones en el día a día. Escuchándolos y validando sus emociones. Acompañándolos en sus momentos más difíciles. Yo en particular estoy en contra del time-out. Ese le dice al niño “Yo no puedo aguantar tus emociones más intensas y difíciles [y solo] cuando estés calmado puedes venir a donde yo estoy”. Esto le enseña al niño que las emociones son peligrosas, le quitan la conexión con sus padres. El niño aprende a reprimir las emociones para mantener la conexión. La verdad es que cuando el niño no está emocionalmente regulado, nos necesita a nosotros para co-regularlos. Acompañen a sus hijos cuando tengan una rabieta. Díganles “entiendo que estás molesto, cuando quieras hablar yo estoy aquí”. Reprimir emociones no es lo mismo que regular emociones. Las emociones son nuestra alarma interna, esa sensación que nos dice que algo no está bien en esto que me está haciendo una persona, y si lo que aprendimos de pequeños fue a reprimir las emociones, pues vamos a ignorar esa alarma interna en el caso de estar siendo abusados.

¿Cómo identificar como padres que hay temas que sanar en relación con un trauma propio?

Esta es una de las preguntas más importantes. A mi consultorio llegan muchos padres pidiéndome que ayude a sus niños, y cuando indago un poco en la historia familiar me doy cuenta de que los padres traen una herida no sanada. Yo trabajo con el sistema familiar y eso normalmente requiere que los padres hagan su propio trabajo terapéutico y hagan cambios. En las relaciones de padres e hijos, las personas que tienen más poder y más responsabilidad son los padres, ¿por qué pretendemos entonces que los más vulnerables y los que tienen menos poder cambien? Y no solo eso... sino que ademaás, cambien el sistema. Cuando nos montamos en un avión y la aeromoza nos está dando las instrucciones de seguridad y emergencia, nos dice claramente que si las máscaras de oxígeno bajan y estas viajando con un niño, te pongas tú primero la máscara y luego, ayudes al niño. ¿Por qué creen que esto es así? Porque si tú te desmayas por la falta de oxígeno, ¿quién va a ayudar a tu hijo? Lo mismo sucede con la terapia psicológica. Nuestros hijos van a apretar todos nuestros botones, especialmente los botones de las partes que aún no hemos sanado. Nosotros como adultos no somos responsables de la programación que recibimos en la infancia, pero sí somos responsables de actualizar el sistema operativo. Nuestro trauma colorea los lentes con los que vemos el comportamiento de nuestros hijos, si tus lentes tienen un tinte de trauma vas a ver hijos malcriados, falta de respeto, desconsideración y no la verdadera necesidad debajo del comportamiento: conexión, protección, cansancio, regulación, etc.

¿Por qué aunque los niños muchas veces no tienen consciencia de que están siendo abusados de alguna forma lo somatizan y evidencian secuelas del abuso?

Porque cuando los niños son muy pequeños, especialmente antes de los cuatro años, el hipocampo -la parte del cerebro que se encarga de organizar las memorias extrínsecas- aún no se ha desarrollado. Por eso es que raramente tenemos memorias de esta época de nuestras vidas. La mayoría de lo que sabemos de esta etapa es por fotos y por las historias que nos han contado, pero las memorias intrínsecas se empiezan a formar desde que estamos en el útero de nuestras madres. Las memorias extrínsecas tienen fecha, las intrínsecas no. Por ejemplo, si le preguntas a un niño de dos años si le gusta el helado, lo más seguro es que te diga que sí. Su cuerpo recuerda el sabor dulce y las sensaciones que tiene cuando come helado. Si le preguntas ¿cuándo fue la ultima vez que comió helado, dónde estaba, de qué sabor era el helado, quién se lo dio? Lo más seguro es que no pueda responderte ninguna de esas preguntas. Las primeras son memorias intrínsecas, las otras son memorias extrínsecas. De igual manera ocurre con el abuso sexual,