El machismo no es un chiste

Actualizado: abr 10

Bernardo Peñaherrera


El machismo es real. El machismo mata, viola y agrede. En Ecuador en el 2019, cada 72 horas se reportó una mujer, sea adulta, adolecente o niña, apuñalada, degollada, asfixiada, golpeada o disparada. El machismo viola. En Ecuador se registran 42 violaciones diarias. El machismo quita oportunidades. La brecha salarial en Ecuador es de 80 dólares o el 20% menos que un hombre en igualdad de condiciones. El machismo causa estragos emocionales y miedo, no solo afecta a mujeres, es un mal dentro de la sociedad.


El machismo es la actitud y manera de pensar que los hombres, por naturaleza, son superiores a las mujeres. Esta simple y falsa idea ha influenciado en todo aspecto a la cultura occidental. La religión, el sistema jurídico, la democracia, el día a día de las culturas, el idioma y normas que se convierten en tradiciones incuestionables nacen de una suposición que los hombres heterosexuales, de descendencia europea y tez blanca son lo más importante en la sociedad, y por ende todo debe tener como prioridad esta idea. Si logramos entender esto podemos ver que los estragos históricos y actuales de grupos de activistas buscan simplemente ganar poco a poco mediante cambios institucionales y culturales, igualdad de oportunidades y de tratos. Y sí, podemos decir que como sociedad hemos hecho saltos importantes a niveles institucionales, por ejemplo, las mujeres ya pueden votar en todos los países de Latinoamérica, en Ecuador el matrimonio gay ya es legal, y las clínicas de conversión sexual en las que violaban a lesbianas y torturaban a gays son ilegales desde el 2016. Pero todavía falta mucho por hacer, por que el machismo es un cáncer que no solo afecta de manera desproporcionada a las minorías, a las mujeres y a personas con preferencias sexuales que no sean heterosexuales, afectan a toda la sociedad. Yo me crie y vivo en Ecuador, soy heterosexual, tuve una educación privilegiada y considero que mi calidad de vida está por encima de la media comparado a la gran mayoría de los ecuatorianos. Esto me hace una persona que la sociedad, culturalmente en Latinoamérica y en el mundo occidental, valora más que contrapartes mías de diferente género u orientación sexual. Esto no es una interpretación. Existe información cualitativa y cuantitativa que demuestra esto, a cualquier persona que no me crea o que piensa distinto, invito a reflexionar e investigar antes de cerrarse a opiniones distintas.


No obstante, es importante explicar como a mi me ha marcado el machismo en el que me crie. En Quito, como en muchos lugares si no son todos en Latinoamérica, tu familia te socializa para que seas más agresivo, para que no demuestres tus emociones que puedan hacerte ver débil, para que te guste el futbol. A mi me encanta el futbol y lo sigo practicando, pero también me considero una persona sensible e introvertida, y muchas veces el ser introvertido y tímido en el colegio, a pesar de jugar futbol, de ser heterosexual y todo lo que la gente considera la norma que debes cumplir si eres hombre, me tildaban de raro y “meco” palabras que en Ecuador significan gay o afeminado. No voy a mentir, yo también utilizaba ese lenguaje, y a ratos lo sigo utilizando inconscientemente. Personalmente, lo que me chocó era la relación con mi papá, con quién tuve graves problemas durante mi adolescencia. Mi papá, también un producto de la sociedad, siempre me decía por mi apodo y gay, francamente no entendía por qué me decía gay. Puede ser que me decía gay por dar una opinión porque desde pequeño tuve una personalidad y un carácter que me permitieron construir opiniones que capaz eran contrarias. Por ende, yo nunca pude desarrollar ni expresar mis emociones, me frustraba mucho, reaccionaba llorando, con violencia o con las dos. Con el paso del tiempo me decía con tanta reiteración que hubo momentos que pensaba, “¿soy gay?”, “¿por qué me esta diciendo esto?”, la respuesta siempre era “es solo un chiste”. Sí, pero ese chiste por qué me afecta tanto, si no tiene nada de malo ser gay. En el fondo de esto creo que había una persona adulta que decía gay por que le faltaba el vocabulario, sea positivo o negativo, y la inteligencia emocional para entender y aceptar que su hijo pensaba y actuaba de forma diferente, utilizaba la palabra gay en forma de chiste para quitar importancia a lo que pensaba, hacia o lo que no le parecía que debía hacer. Esto no duró unos meses, ni fue solo mi papá, esto duró hasta hace seis meses y mi mamá también se burlaba de mi diciéndome eso hasta hace poco.


Mi propósito al contar esto no es decir que tengo padres abusivos y homofóbicos, porque no los son, sé que los dos tienen grandes falencias como virtudes, igual que todos los seres humanos, los dos me aman. Lo que estoy tratando de contar es que el machismo también es reflejado así, en no expresar las emociones, en no aceptar un dialogo distinto al que te impone la sociedad y en ser cerrado. Me costó mucho entender esta faceta de mis papás, especialmente porque era solo dirigida hacia mí y no hacia mis otros hermanos que eran más parecidos a ellos. Tuve que ir a muchos psicólogos que me recetaron antidepresivos porque realmente eso era una gran frustración mía, no sabía ni como expresarla ni empezar a desenvolverme. Para mí no era chiste, pero no sabía como decir que no me sentía cómodo. Me costó mucho encontrar las palabras para explicar mis emociones y aceptar que la tristeza, el miedo o la felicidad son normales, no siempre son iguales, no tiene nada de malo ni me hace más ni menos sentir eso y expresarlas. Ahora cuando hablo sobre esto con mis amigos, con mis hermanos, mis hermanas y mi novia, me dicen qué valiente eres, cuando finalmente pude conversar con mis padres de lo mucho que me afectaba eso les apenó mucho y me pidieron perdón. Finalmente, no soy una persona rencorosa y no es por eso que cuento esta anécdota, que le puede pasar a millones de personas. La cuento porque quiero decir que el machismo es un mal que nos perjudica a todos. Es un mal que hace daño a la sociedad, que el odio y este mono pensamiento de arquetipos y roles de la sociedad pueden conllevar a la muerte de personas que capaz no tienen la suerte o circunstancias que tengo yo.


Para mí no es un chiste y me siento incomodo cuando me llegan cadenas de WhatsApp de fotos, comentarios o chistes machistas. Cuando le digo a mis familiares o amigos que no me manden, sale el mismo comentario, “es solo un chiste”. A mí no me parece ni chiste ni ocurrencia y si queremos ser mejores individuos en la sociedad, debemos no solo decirlo sino cambiar día a día. No tengo la fórmula para combatir este mal cultural. No tengo la respuesta si alguien me dice que sufre de algo parecido a lo que me pasó a mí, ni quiero hacerme el que la tengo. Lo que he aprendido es que debemos escuchar más a los demás y tratar de entendernos. Que los valores de igualdad institucional, de igualdad de género, y de tolerancia no solo deben ponerse en un papel o archivarlo en una ley si no que debemos concienciar a toda la gente para que poco a poco esto se cambie. Todos debemos mejorar, todos podemos mejorar y entender más a los demás, el cambio no se va a hacer si no queremos entender a las otras personas, si entramos en el activismo que no quiere conversar y entender.



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