El Ciclo Vicioso de la Cultura Estética

Actualizado: may 1

Verónica Álvarez


Es muy particular la forma en que las mujeres estamos representadas en los medios latinoamericanos. Ya sea en la televisión, los videos de reggaetón, las revistas, o las redes sociales, la manera en que las mujeres somos pintadas tiene un efecto en nuestro comportamiento del día a día. Las telenovelas donde los personajes malvados y dramáticos son las mujeres, los segmentos de entretenimiento de las noticias donde son las mujeres las que critican la forma de vestirse o el comportamiento de otras en público, las mujeres en las portadas de las revistas con el Photoshop, las vestimentas reveladoras y los titulares degradantes, y las redes sociales donde la mayoría de nosotros somos culpables de mostrar exclusivamente un lado de nuestras vidas y nos calificamos mirando el número de seguidores o de likes en cada foto.


El estar rodeado de estas tendencias en los medios todos los días hace que empecemos a medir todo lo que percibimos con el mismo estándar, formando nuestro pensamiento y la forma en la que actuamos. Desde mi época de colegio, he visto como mis amigas y compañeras de clase, incluyéndome, fuimos víctimas de estas normas sociales. Nos teñíamos el pelo y lo estilizábamos de la misma manera, comprábamos ropa lo más parecida posible, hasta nos sometimos a cirugías estéticas para transformar nuestro cuerpo y caer dentro del estándar que la sociedad quería para nosotras, sin dejar un solo trazo de individualidad. Más desalentador aún, evidencié como algunas de mis amigas y mujeres que me rodeaban sufrieron de desórdenes alimenticios que fueron desencadenados por la misma presión social a la que estábamos sometidas.


Al salir de mi país latinoamericano, e ir a estudiar a una universidad internacional, la evidencia era contundente. Fue aquí cuando empecé a cuestionar la cultura estética de Latinoamérica por vanidades que siempre había visto como normales. Por ejemplo, la mayoría de mis amigas europeas nunca habían tenido frenos dentales en su adolescencia y la idea de tenerlos nunca había pasado por su cabeza. Tampoco les habían perforado las orejas para ponerle aretas cuando estaban recién nacidas, rituales que, en Latinoamérica, nunca me había cuestionado hasta entonces.


No es sorprendente para mí ver que, entre los principales países donde más se practican las cirugías estéticas estén 5 países latinoamericanos. Según las estadísticas de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS por sus siglas en inglés) sacadas desde el 2010, Brasil, México, Colombia, Venezuela y Argentina han salido entre los primeros países del mundo, los primeros tres mencionados, saliendo recurrentemente. Dentro de esas estadísticas, es importante destacar que, entre los tipos de procedimientos que más se practican, siempre son las mujeres quienes superan numéricamente a los hombres: aumento de senos (100% de los pacientes son mujeres), liposucción (85%), cirugía de párpado (78%), rinoplastia (75%), abdominoplastia (91%), injerto de grasa en la cara (84%), aumento de glúteos (95%). También, se demuestra que la mayoría de las mujeres que pasan por estas cirugías están entre los 19 y 34 años de edad. Específicamente para las cirugías de aumento de senos (el procedimiento quirúrgico más popular), las cifras de menores de edad son alarmantes. En México, 22% de las cirugías de aumento de senos hechas fueron a mujeres menores de 17 años. Seguido por Brasil con el 19%.


Con esto me surgen preguntas: ¿qué es lo que causa que seamos las mujeres las que nos sometemos a estas dolorosas prácticas en gran mayoría, y no los hombres? ¿por qué somos más las mujeres jóvenes las que nos cuestionamos nuestra apariencia tanto como para exponer nuestro cuerpo a una cirugía? ¿qué nos dicen estos números sobre la sociedad que hemos construido hasta ahora?


Llynier Tobía, psiquiatra venezolana, me ayudó a encontrar una respuesta para estas preguntas. Ella sostiene que, en América Latina, todo esto esta relacionado a la cultura, a la forma en la que hemos sido educadas y socializadas. “Aunque hemos y seguimos dando pasos para romper los esquemas, la mujer latinoamericana, en su mayoría, es educada con mapas de belleza y de competencia entre su mismo grupo.”


Agrega que, las mujeres más jóvenes, son más bombardeadas con estos cánones de belleza y perfección que las generaciones anteriores. Todos los días estamos expuestas a distintas redes sociales, ya no es sólo a la televisión. “Se podría decir que antes las mujeres veían a las estrellas de Hollywood, y podían pensar, por decirlo así que, no eran tan humanas como ellas. Pero ahora hay un nuevo grupo de chicas, la mayoría bastante jóvenes, que muestran sus cuerpos y vidas perfectas en las redes y en los realities; y ahora, ese es el patrón de perfección a copiar: belleza y riqueza aparente. La diferencia está en que, las generaciones de ahora tienen las mismas oportunidades entre ellas de mostrar ciertos aspectos de sus vidas al resto de la sociedad. Ya no son solamente las estrellas de Hollywood las que son aparentemente sobrehumanas, ahora las personas que nos rodean a diario también."


Tobía concluye aclarando que, someterse a la cirugía plástica per se no es malo. Lo que es dañino en nuestra cultura, es esa obsesión con un ideal de belleza que busca replicar patrones estéticos bien rígidos. En Latinoamérica, es necesario reeducar, enseñarnos a vernos, entre mujeres, como aliadas y no como rivales, no tememos razón de competir. “Todas somos diferentes y eso está bien. Apoyándonos es más sencillo que tratando de pasar por encima de las demás.”


En nuestra sociedad existe una necesidad de luchar todos los días por alcanzar estándares de belleza que, en esencia, son inalcanzables. Todos los días nos estamos criticando y comparando, creando efectos en la forma en que pensamos de nosotras mismas. Precisamente estos pensamientos y comparaciones son las que desencadenan rivalidades injustificadas, desórdenes alimenticios y autolesiones. Tener tan baja autoestima como para replicar estos patrones a todo costo, contribuye a la falta de representación y a la tergiversación de lo femenino que observamos en los medios y que, a su vez, funciona como un ciclo vicioso.


Dejemos de alimentar ese ciclo vicioso. Amémonos por las personas que realmente somos. Si queremos hacernos cirugías, hagámoslo por nuestra propia identidad, por nosotras mismas. No lo hagamos por el “qué dirán” ni por satisfacer a otros. No nos critiquemos entre nosotras para no darle pretextos a que lo haga alguien más. Apoyémonos, celebrémonos, y así vamos a poder llenarnos de orgullo sobre nosotras mismas y las mujeres que nos rodean.


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