Descubrir(me)

Patricia Pacheco


Creo que desde que la mujer existe, existe su lucha por sentirse independiente. No hablo solo de algo físico, sino también de su independencia emocional, espiritual, sexual y económica. De alguna manera, pareciera que frecuentemente terminamos atadas a alguien o a algo. Conocemos lo que ha costado en el pasado reivindicar nuestros derechos como mujeres y la historia está allí para recordárnoslo; pero yo quiero hablar de la mujer actual, de la mujer que soy ahora, de la mujer en la que me estoy convirtiendo, de lo que estoy observando a mi alrededor.


Poco a poco, he aprendido a valorar la grandeza de mis batallas diarias. Recuerdo que en el año 2013 viví una dolorosa separación, tenía 25 años y sentía que mi vida se acababa con el final de la relación. Sabía que la relación no funcionaba, pero permanecía aferrada a ella porque tenía mucho miedo de estar sola. Hoy, reconozco ese miedo en muchísimas mujeres a mi alrededor, pareciera que ser mujer, joven y soltera es síntoma de algún desequilibrio que debe ser curado rápidamente. Aún recuerdo el pánico que sentí, literalmente, pasé meses sin saber qué hacer, lo único que quería era llorar todo el día. En medio de esa crisis existencial donde me sentía perdida todos los días, por primera vez en mi vida me pregunté: ¿qué pasa con tu vida cuando estás sola?, ¿qué pasa cuando no compartes tu energía con alguien más?, ¿qué pasa con tus sueños?, ¿qué pasa con lo que eres y has construido hasta ahora?


En este tiempo la única decisión que me ayudó un poco a sobrellevar esa crisis fue un viaje; alejarme de lo conocido y salir de mi zona de confort. En realidad, había mucho de conocido, muy poco de confort porque, como es de imaginarse, nadie realmente vive con comodidades en un país tan golpeado como Venezuela. Para el año 2013, la vida ya era bastante difícil en Caracas, mi ciudad natal: esos lugares de los que me enamoré en mi adolescencia ya no existían, el dinero no rendía para nada, la mayoría de mis amigos pensaban en irse para huir del caos y mi familia, que siempre ha contado con ingresos modestos, comenzaba a padecer los efectos negativos del llamado socialismo del siglo XXI.


Esa separación de lo conocido, ese primer intento de vivir el desapego me hizo observar y apreciar mucho más todo lo he tenido y aprendido: mi familia, mis valores, mi criterio y mi carácter. Poco después, entendí que realmente se trataba de un encuentro conmigo misma que apenas comenzaba, un viaje que me alejaba de mi casa y de mi país pero que me acercaba mucho más a mí. Estuve en Los Ángeles unos meses estudiando, observando lo difícil y lo hermoso que es, al mismo tiempo, la vida de un inmigrante latino en Estados Unidos. Conocí personas de todas partes del mundo (creo que eso era lo que más me gustaba), me hice adicta a esa sensación que produce la adrenalina ante la sed de aventura, me enfoqué en hacer nuevos contactos y en afianzar mi carrera como actriz.


Mi carrera había estado creciendo desde hace algunos años, así que fui convocada a un casting en Santiago de Chile para una película y éste se convirtió en mi primer protagónico. Estando allí, decidí quedarme después del rodaje, aún lo pienso y no sé de dónde saqué esa valentía. Nunca hubiese imaginado que me quedaría a vivir sola en un país donde no conocía a nadie, donde tendría que comenzar de cero, sin saber nada de ese lugar, sin tener un dólar, ni certeza alguna de lo que podría pasar, pero algo súper poderoso dentro de mí, mi fe, mi conexión con Dios fue creciendo. Por primera vez en mi vida no estaba desesperada por tener novio, estaba realmente conociendo muchas personas de todas partes del mundo y aun así escogía regresar sola a mi casa. Estaba comenzando a disfrutarme, a disfrutar el proceso de conocerme, a descubrirme en mi soltería, en mi vulnerabilidad. Muchas veces sentía miedo, muchísimo miedo; por las noches ese miedo incluso se transformaba en terror, pero algo me decía que ese era un tiempo que quería y necesitaba para sanar, para perdonar e incluso para perdonarme a mí misma por las todas las veces que no seguí mis instintos e irrespeté mis convicciones.


Por trabajo regresé a Venezuela un año después, sabía que era por corto tiempo. Fue maravilloso reencontrarme con mi familia y mi país después de aquella osadía, al igual que regresar un poco más fuerte gracias al cúmulo de viajes, trabajos, fiestas y experiencias duras, hermosas e inolvidables que viví. Luego, estuve unas semanas en Cuba, unos meses en Miami y otras semanas en Polonia con un Festival de Cine al que jamás pensé que podía ir. Esa película que contaba con bajo presupuesto y que hice en Chile un par de años atrás me llevó a Europa. Todo se movía, mi Universo se movía y yo con él. Conocí Berlín y Copenhague gracias a un corto romance con un danés que cambió mi vida. Aprendí a amar de otras maneras, me di cuenta de que muchas veces el amor no tiene nada que ver con una casa, con la ilusión de una familia, con esas cosas que había aprendido desde niña sobre cómo debía ser el amor.


En esos años conocí realmente que lo que yo había soñado, entendí que nada tenía que ver con eso que aprendí y que lo que yo anhelaba era mi libertad, esa libertad de consciencia al tomar las decisiones de mi vida cada día, mi libertad de dejar de sufrir por el simple hecho de extrañar, y simplemente aprender a extrañar de otra manera. Me di cuenta en esos años de que soy una mujer irremediablemente sensible, que no hay nada de malo en ello y que posiblemente esa sensibilidad la podía convertir en una gran fortaleza si aprendía a manejarla. Hoy vivo en Ciudad de México, yo decidí vivir en este país, decidí estar aquí por mí misma, no por un hombre, no por dinero, no por mi familia; lo decidí porque era el lugar que me ofrecía más posibilidades para seguir creciendo como actriz en este momento.


En este camino para llegar a descubrirme, he podido observar a muchas mujeres jóvenes que todavía no se sienten capaces de tomar decisiones por sí mismas, que siguen apegadas a la idea de que necesitan una figura de protección a su lado que de alguna manera las mantenga. Veo a diario, además, tantas parejas y amigas que se mantienen con sus relaciones por el hecho de no sentirse capaces de ser independientes económicamente, emocionalmente, espiritualmente y sexualmente, que no deja de sorprenderme. Creo que la libertad es un camino bastante difícil, porque requiere de mucha valentía para enfrentar nuestros miedos más profundos en la soledad. De la misma manera, creo que es completamente necesario para cambiar nuestros patrones, saber quiénes somos realmente y crecer como mujeres.


Esto que soy hoy, lo que estoy construyendo, es mi versión de una mujer exitosa. Desconozco si cumplo con los patrones de una mujer muy exitosa para la sociedad moderna, pero para mí el éxito va mucho más allá de la fama y el dinero. Éxito para mi es hacer lo que amo sin hacerle daño a nadie y con ello contribuir a los demás, es amar y ser amada cada día, es estar conectada con mi ser espiritual y con la naturaleza. Amarme es conocerme y respetarme como soy, y cuando me toque enfrentarme con otros momentos difíciles, aferrarme a mi sabiduría interna, a ese Dios que está en todas partes a través del amor y tener la certeza de que algún día todo va a estar mejor. Esa es mi felicidad y mi éxito, ser libre, amarme, no tener miedo y vivir tranquila.


#independencia #libertad #amor



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