Del #MeToo al #MeMyselfAndI

Actualizado: nov 24

Betty Gabriela Rodriguez


Noviembre es un mes para sensibilizar a la opinión pública en torno a la lucha en contra de la violencia de género y del maltrato infantil. En estas líneas quiero compartirles estas reflexiones en torno al movimiento #MeToo y al proceso de empoderamiento de sobrevivientes de abuso sexual infantil.


Gracias #MeToo: Yo también


En Estados Unidos, cada 9 minutos 1 niño(a) es víctima de un ataque sexual y 95% de ellos(as) conocen al agresor. El olvido de los episodios de agresión sexual es uno de los mecanismos de "autoprotección" en la vida adulta; sin embargo, especialistas sostienen que se trata de un olvido ficticio. Por eso, quizás uno de los aportes más relevantes del movimiento #MeToo fue la denuncia masiva de las agresiones sexuales sufridas por mujeres, de generación en generación. No puedo contabilizar el número de veces que he escuchado a otras mujeres, tímidamente reconocer que, ellas tuvieron una experiencia de agresión: “A mí también me pasó”, “Yo nunca lo había dicho, pero yo también tuve una experiencia de abuso”, “En mi caso fue mi hermano”, “En el mío, mi tío”, “A mí me abusaron 2 de mis tíos”, “Mi primo”, “Mi padrino”, “Un amigo de la familia”, “Mi abuelo”, “A mí no me pasó, pero le pasó a mi hermana”, “Mi mamá hace un par de años recordó que fue abusada”, “Mi abuelo abusó a varias de mis primas”, “En mi casa, somos 4 generaciones de mujeres violentadas sexualmente”, “Mi hermano recientemente admitió que fue abusado”, “A mí me decía -mi agresor- que íbamos a jugar al doctor” y así sucesivamente. En tan solo 1 evento de la fundación, pedimos que escribieran en una pizarra nombres de algunas sobrevivientes en su círculo cercano y obtuvimos más de 44 nombres. Se requiere de una valiente-vulnerabilidad para reconocer algo tan duro. Cabe destacar que, el proceso de reconocimiento de la agresión o abuso puede tomar décadas e incluso puede nunca ocurrir para muchas, especialmente porque buena parte de las agresiones suceden durante la infancia, en el contexto familiar.


Sin el #MeToo: “Es algo que pasó y ya”


Cuando reconocemos que sucedió, nos abrimos a la posibilidad de entender cómo nuestra vida, consciente o inconscientemente, ha sido afectada por ese hecho. También, nos devuelve el poder de reconocernos como sobrevivientes y no como víctimas. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? Que la sobreviviente se encuentra en un espacio seguro libre de abuso, mientras que la víctima continua (re)viviendo en una/la situación abusiva. Como muchas sobrevivientes optan por ‘engavetar’ su experiencia, difícilmente se permiten entender la complejidad del trauma subyacente. Puede que también, habiéndolo reconocido, tiendan a minimizarlo con frases como: “solo pasó una vez”, “no pasó por mucho tiempo”, “no hubo violencia, era más bien engaño/manipulación”. Una de las cosas más llamativas que he visto a lo largo de casi 3 años de trabajo con Amazona Foundation es ver la frecuencia con la que se disocian los “efectos durmientes” o las secuelas del abuso. Una de las formas más claras que he escuchado para explicar esta disociación es la siguiente: “hay una parte de tu psiquis que se estanca en la infancia interrumpida o arrebatada de ese niño/a y la otra, la otra, crece y madura, separando todas las experiencias como si se tratara de personas distintas”. Algunas de las secuelas más comunes son: insomnio, sentimientos de culpabilidad, vergüenza o reproche, dificultad para confiar en otros, dificultar para relacionarse con otros o intimar, ira, agresividad o irritabilidad, baja autoestima, revictimización, miedos, hipersexualización, conductas sexuales de riesgo o por el contrario, temor o aversión al sexo, trastornos alimenticios u obesidad, depresión, psicosis, dependencia, adicción al alcohol, a las drogas, el sexo o la comida, autolesiones y tentativa de suicidio.


#Me: La Decisión de Sanar(te)


No existe ni un tiempo determinado ni una forma única para encarar una situación de agresión o abuso. Tampoco es un proceso lineal. Algunas personas acuden a terapia, otras no. Algunas personas deciden comunicarlo a sus familiares y amigos, otras no. Algunas usan vías alternativas como el arte, el deporte, la meditación o el coaching, otras prefieren sanar en el silencio y la soledad. Algunas personas tardan años, otras toda una vida, otras, quizás demoran menos de lo que pudiéramos imaginar. Algunas personas sostienen que han sido víctimas, otras se niegan a utilizar ese calificativo. Algunas buscan resignificar esa experiencia, otras no. El elemento común entre todas es que su camino les pertenece y su vida, trasciende de esa experiencia. La sanación permite entender que “no somos lo que nos ha pasado, somos lo que decidimos ser”. Si bien el cúmulo de nuestras vivencias, son parte de nosotros, permitir que una experiencia negativa defina nuestra existencia, es permitir que un agresor nos arrebate algo tan preciado y sagrado como nuestra vida y nuestra humanidad.


#Myself: Contar contigo mismo/a


Vivimos en una sociedad que banaliza la vulnerabilidad, que prefiere sumergirse en la negación absoluta antes que sobrellevar su dolor y que tiene una incapacidad de crecer en el conflicto por su deseo insaciable de inmediatez. Todas, características de una sociedad adolescente. La inconsciencia colectiva es tal que, nos resulta más fácil revictimizar a sobrevivientes que aplicar justicia a los perpetradores. Así mismo, nos parece más aceptable preservar lealtades y secretos familiares que velar por el desarrollo psicológico y emocional de las próximas generaciones. Lamentablemente, una de las piezas más complejas del rompecabezas es la familia. Muchos no entienden que al rechazar o desacreditar la denuncia de un niño, invalidan su necesidad de protección. De igual forma, desconocen que la protección u ocultamiento de agresores solo fomenta un vínculo de desconfianza y minusvalía. Lo cierto es que, muchas familias desconocen cómo lidiar con una denuncia de un abuso porque sigue siendo un tema tabú. Lo que pareciera ser evidentemente un delito, cuando se trata de "otros", intrafamiliarmente implica una toma de posiciones que desconfigura su propia identidad y sistema de creencias familiares. Al mismo tiempo, no solo encarar la situación supone un reto gigantesco para la sanación del niño/a, también implica sobreponerse a un sentimiento de culpa importante para sus cuidadores. Por demás está recordar que la culpa es y será siempre del agresor, no del sobreviviente o de sus cuidadores. Por si fuera poco, a nivel social, calificamos ligeramente de victimismo todo lo que realmente requiere reconocer y denunciar una agresión. Respetar el proceso psíquico de cada sobreviviente es fundamental para evitar la revictimización. Una de las grandes críticas a los gurús de la superación personal es que se anticipan a minimizar, juzgar y hasta imponer sus criterios de tiempo y forma sobre los procesos personales de sus seguidores o clientes, trascendiendo claramente de la ética profesional y de sus propias competencias. Les traigo traigo a colación este punto porque cualquiera que sea tu fuente de apoyo, es importante tener siempre presente que “tú cuentas contigo mismo”, que si bien los profesionales que tengas a tu disposición están allí para ayudarte, como seres humanos que son, tienen sus limitaciones. Todos las tenemos, tú y yo también. Esto de ninguna manera busca disuadir la búsqueda de un acompañamiento profesional, por el contrario, búscalo a la brevedad posible y continúa buscándolo hasta que encuentres a un/a profesional que resuene contigo. Solo recuerda que, tu proceso te pertenece y que la sanación radica en la posibilidad de recobrar tu poder personal y las riendas de tu vida.


“I”: Tu historia, tu voz


La primera protección es para contigo. Nadie puede obligarte a mantener vínculos familiares con un agresor, ningún profesional, familiar o amigo tiene la autoridad para juzgar tu proceso e imponerte tiempos y formas de respuesta. De igual forma, es tu elección si emprendes acciones legales o no, si deseas sumar tu vocería a nivel público o no. Solo tú sabes cuáles son tus límites y lo que necesitas hacer para respetarlos. Muchas sobrevivientes son impulsadas a dar su testimonio como forma de visibilizar el trabajo que realizan las organizaciones. En ocasiones, estas sobrevivientes son revictimizadas por la opinión pública y/o terminan reabriendo dichos procesos psíquicos sin el acompañamiento psicológico necesario, a esto se le ha denominado survivor porn’. Por esta razón, la recomendación es a que respetes tus límites y tus necesidades a la hora de decidir si deseas contar tu historia o no, en aras de sensibilizar y educar a otros. En todo caso, entre las recomendaciones más comunes de cara a la lucha contra el abuso sexual infantil figuran: (1) Entablar conversaciones en torno a la sexualidad, apropiadas para la edad y desarrollo psicosocial del niño/a, (2) En caso de detectar un abuso, tomar medidas para garantizar la seguridad y protección del niño/a, (3) Brindar todo el apoyo familiar posible, (4) Brindar atención psicológica para recuperarse del abuso tanto a la víctima como sus cuidadores, (5) Por último y no menos importante, vale la pena recordar que no nos corresponde proteger a los agresores, que en ningún caso un adulto en sus plenas facultades, actúa desprovisto de consciencia. Independientemente de si los agresores, fueron en el pasado víctimas de alguien más, hoy tienen la elección de no repetir el patrón.


Esta es una invitación a ir más allá: más allá de la tendencia de un hashtag, más allá de las opiniones de los otros, más allá de las propias limitaciones de la lucha en contra de la violencia de género y del abuso infantil. Estas son unas reflexiones que buscan que activemos nuestra escucha, activa, empática y respetuosa. Una de las formas más bonitas de ilustrar todas las posibilidades que hay para un/a sobreviviente es la palabra kintsugi. Kintsugi es una técnica japonesa que repara piezas de porcelana rotas con una mezcla que incluye oro, plata o platino; para que lejos de ocultar el daño, lo use para crear algo hermoso. Por un lado, honra su historia, por el otro, celebra su vida. La vida nos pide (re)construirnos una y otra vez, apreciando la belleza y la sabiduría que envuelve cada vivencia, siempre preservando nuestro derecho a vivir, a soñar y a ser felices.

Fotografía: Carolina Correa Cano

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