Daniela Aldrey: De Bohème a Entrepreneuse con Entrañas

Betty Gabriela Rodríguez


Daniela Aldrey es copropietaria del restaurante venezolano Ají Dulce, ubicado en la calle Notre Dame de Lorette en París. Este restaurante nació del éxito del food truck que, junto a su socio, el chef Luis Machado, puso en marcha hace más de 4 años, para llevar las recetas criollas tradicionales a los barrios parisinos. Comer en Ají Dulce, es conectarse con la riqueza de nuestro mestizaje en un espacio lleno de buena vibra y calidez; esa calidez propia de la comida hecha en casa con amor.


El camino que siguió Daniela como emprendedora no fue ni lineal ni predecible. Aún recuerda la dificultad que representó para ella hacer esas primeras elecciones profesionales a sus 18 años. Venezuela es un país donde se exige que, a muy temprana edad, los jóvenes tengan claridad sobre su futuro; partiendo de la elección de una carrera (generalmente tradicional) que además se espera, mantengan el resto de sus vidas. Sí, así como el mismísimo matrimonio. Hablar de ‘reconversion professionnelle’ en su país natal es simplemente impensable, es un atentado a la moral y a las buenas costumbres de una sociedad híper estructurada de formas tradicionales.


Las típicas preguntas que hacían a los jóvenes al momento de elegir su carrera en los años 90 eran, en su opinión, una especie de bullying ya que había muchísimo hostigamiento para elegir “correctamente” al tiempo que se demostraba una clara hostilidad frente a las ciencias sociales: “Dime de qué universidad vienes y te diré quién eres”; “¿Estudió Artes? ¿Filosofía? ¿Literatura?, Seguramente a ese muchacho no le dio el índice académico para más nada”; “Seguro era un flojo”. Lo de Daniela no eran ni las ciencias duras, ni la estructura, ni los convencionalismos sociales. Lo de Daniela era el arte, comunicar y fluir con los cambios de la vida; quizás esas, de hecho, han sido las únicas constantes en su vida.


Daniela entendió rápidamente que para evadir todo el estigma que representaba ser filósofo o escritor, podía optar por el camino seguro: comunicación social. De esa forma no sería la “floja” sino la “intelectual”. En el pensamiento de Daniela estaba esa sensación de pertenencia a Bahía de Cata y la nostalgia que le generaba despedirse de su abuela, al verla cerrar la puerta de ese edificio de Los Rosales mientras el carro en el que ella viajaba con sus padres, se alejaba lentamente de ese lugar soñado. Al igual que las mujeres de su familia, Daniela tiene temple y determinación. La seguridad que recibió en esa estructura matriarcal en la cual creció, hizo de ella la mujer independiente y emprendedora que es hoy.


La danza también cambió su vida en muchos sentidos. A través de ella, abandonó esa timidez e inseguridad que le acompañaban desde niña, se reencontró y aprendió a expresarse libremente a través del movimiento. También, gracias a esa expresión se dio cuenta casi instantáneamente que le apasionaba comunicarse, contar historias de distintas maneras y que contaba con una sensibilidad que no conocía. Aunque Daniela soñaba con ser bailarina de Danza Contemporánea, utilizó el periodismo como una “carrera puente” para comunicarse, observar, conectarse con su sensibilidad, conectar con otros y contar sus historias.


Para Daniela ese amor por otras culturas y llevarse a nuevas experiencias que la llevaran a aprender lo desconocido, demostrar sus capacidades, cuestionar sus ideas de pertenencia y tomar las riendas de su vida era algo que ella no solo quería, sino que también buscaba fervientemente. Antes de iniciar la universidad, vivió en Estados Unidos y aprendió inglés. Recuerda lo enriquecedora que fue esa y todas las experiencias que ha vivido desde entonces:


¿Qué sucedió al graduarte?


Luego de haber trabajado un tiempo como periodista, decido partir, dejar todo: trabajo, prometido, familia y amigos para tomar un vuelo a Madrid con el objetivo de hacer un Máster de Periodismo de Investigación y salir de mi zona de confort. Este viaje me cambió la vida.


¿Qué recuerdas de esa llegada a Madrid?


Llegué a Madrid en 2008, a un apartamento minúsculo. María, la propietaria, era venezolana española, era encantadora y además, me trataba como una hija. Compartía el apartamento con una pareja de nicaragüenses, mientras estuve allí, ellos me hicieron los primeros meses los más fáciles. Al tiempo, me mudé porque quería estar más cerca del Centro de Madrid y también quería alejarme un poco de esa protección familiar que se estaba creando con la señora María, madre fabulosa, dedicada y amorosa. Yo necesitaba alejarme un poco de eso y sentir la soledad. Tenía clases pocas veces por semana y traté de buscarme un trabajito por aquí y por allá; sin embargo, el máster me ocupaba la mayoría del tiempo. Puedo decir que Madrid fue la ciudad que me despertó y más adelante me despidió, aprendiendo que nada esta predestinado en la vida y que cada experiencia sirve para aprender y seguir.


¿Cómo fue ese turning point?


Llegó Semana Santa, una de las épocas más hermosas en España. Yo no tenía planeado salir de Madrid, pero un grupo de españoles, nacidos en el sur de España, me propusieron conocer el Puerto de Santa María – este es el lugar de donde salieron las tres carabelas de Cristóbal Colón-. Estuvimos una semana. El lugar era hermoso y la familia encantadora. Los días se terminaban y yo quise quedarme un día más. El único problema era el retorno. Volver en un tren directo a Madrid era impensable por la temporada alta. Mi amigo y su padre comenzaron a buscar soluciones: “¡tía tenéis un tren que va directo a Madrid pasando por Córdoba!, ¿conoces Córdoba?, Si no, hay otras soluciones, pero son más largas, ¡¿seguro que no conoces Córdoba?!, ¡Joé tía tenéis que ir!, ¡Listo! ¡Ya está! Sales en el tren de la mañana y te quedas un día en Córdoba. Te conseguí un hotel justo en el centro y sales en el primer tren del día siguiente a Madrid ¡ya verás quedarás encantá! No se equivocó y gracias a Córdoba hoy vivo en París.


¿Qué sucedió en Córdoba?


El amor. Allí conocí a mi esposo, por casualidad, como la casualidad del viaje. Él tampoco tenía planeado ir a Córdoba. Sin embargo, por esas cosas de la vida que no conocemos ni controlamos, coincidimos a las afueras de un teatro de flamenco y allí como pudo, con el poco español que hablaba, me preguntó con su acento francés si también asistiría al espectáculo. El resto de la historia es presente: tres niños, un hogar juntos, un socio, un food truck, un restaurante y una vida en París.


¿Qué te llevó a emprender?


Yo siento que las aventuras y los retos forman parte de mi vida. Llegar a una ciudad tan bella pero tan dura, sin hablar ni entender el idioma, embarazada, escribiendo el vocabulario técnico en un cuaderno para poder asistir y entender al médico en cada consulta, en cada ecografía y todos los vaivenes del proceso, era un verdadero reto. Vivir La maternidad sin la familia fue bastante complejo para mi y para los míos en Venezuela. Fue una etapa donde me hice grande en meses y me convertí en mamá de Lucía hace 9 años. En el ínterin de las mudanzas y del estudio del francés, decidí estudiar de nuevo comunicación Digital en una escuela en París y me focalicé en la creación de videos para internet. Esa experiencia me ayudó mucho con el idioma y con la cultura francesa. Trabajé en una mini productora y luego, “mataba tigres” con corresponsales mexicanos, haciendo cámara y post producción. Sin embargo, ya sentía la necesidad de emprender, quería hacer algo, quería crear. En ese momento nació Ají Dulce.


¿Por qué emprender en la cocina?


La cocina para mí, era ver a mi bisabuela o a mamaína, mi abuela paterna. Recordarme de mi infancia estando tan lejos para mí era una prioridad y una necesidad en ese momento. Además, fue muy difícil continuar mi carrera como periodista en una ciudad tan compleja como París. Tenía unas lagunas en el idioma y tampoco conocía a nadie del medio. El periodismo es una carrera complicada, tienes que ser extremadamente bueno, conocer el medio y a quienes trabajan en él. No emprendí porque ‘no lo logré’ sino porque evalué mis necesidades y oportunidades y me di cuenta que estaba buscando algo que me ayudara a comunicar parte de lo que soy y quería usar esta oportunidad para reinventarme, para hacer algo diferente y pensé ¿por qué no la comida?


¿Siempre fuiste la chef?


Siempre cociné; en mi casa en Caracas lo hacía a menudo, incluso preparaba las cenas donde mi padre era el anfitrión. Era algo que me generaba placer. Para mí, siempre ha sido una forma más de comunicarme, un arte desde la informalidad. Nunca me planteé la idea de estudiar cocina, la técnica nunca ha sido mi fuerte, necesito sentirme libre y equivocarme. Yo admiro mucho a los cocineros, trabajar en cocina es una carrera muy difícil y no está hecho para todo el mundo.


¿Por qué la cocina venezolana?


Quería desahogarme y mostrar de lo que estamos hechos. La cocina representa un valor importante en cada cultura. A través de recetas tradicionales visitas un país y te enteras de lo que sucede, cómo viven, sus gustos… es casi una experiencia antropológica. Para nosotros, la cocina es familia y compartir. Las arepas me salvaron la vida (o parte de ella) porque esa idea llegó a mi cabeza cuando el cansancio me estaba agobiando, no me sentía valorada con lo que hacía en ese momento y me sentía completamente bloqueada. Ají Dulce fue un despertar, otro puente maravilloso, una idea que llegó de las entrañas. Intuitivamente comencé a montar el proyecto con mi esposo y con los consejos de unos amigos franceses. Nos dimos cuenta que es un proyecto donde se necesita más de una persona para que funcione, y sin experiencia en este universo culinario y en una ciudad tan compleja, era necesario buscar a alguien que se enamorara como yo del proyecto. En ese momento llegó a mi vida mi socio, el chef venezolano Luis Machado. Luis es Ingeniero Químico, pero también había tenido su propio despertar en París reconectándose con su pasión: la cocina y por ello, se había formado en Le Cordon Bleu. Perfect match! Luis aceptó montarse en el tren conmigo y construir lo que hoy somos.


¿Cuál es el mayor aprendizaje como emprendedora?


Las barreras se las pone el ser humano. Es importante escuchar y observar; todo y nada es fuente de inspiración. Hay muchos que piensan que crear una empresa tiene que ver con ser pragmático, con tener objetivos claros, con saber a dónde vas. La verdad, saber a dónde vas es casi imposible porque el camino nunca es estable. La capacidad de asombro es importantísima, así como también fijarse metas, pero aún más importante ser flexible y estar consiente que todo puede cambiar. Proyectos sin entrañas, a mi parecer, no caminan. La perseverancia y trabajar en equipo es fundamental, buscar todo el tiempo el complemento. La familia ha sido una parte muy importante en todo este proyecto. Ser emprendedora en un mundo dominado por los hombres no es nada fácil. Como madre de tres hermosos hijos, puedo decirte que el equilibrio en las responsabilidades entre el hombre y la mujer en una familia es necesario. Gracias a ese equilibrio pude crear una empresa, tener horarios exigentes, correr de un lado para el otro, dormir y no dormir… la mujer y el hombre se complementan, por lo menos en mi caso. Por eso admiro tanto a esas madres solteras emprendedoras llenas de energía. Ser madre también es un trabajo. Adicionalmente, el apoyo de mis padres y hermanos ha sido indispensable y consecuente en todo este proceso como emprendedora. Nunca me han dicho “no lo lograrás” o “eso es muy complicado”, jamás. Siempre han estado a mi lado apoyándome, pero también con ojo crítico, porque sé que eso también es necesario. La familia es súper importante en la vida de cualquier emprendedor.


¿Qué puedes decirnos de Daniela, la inmigrante?


Puedo decirte que me siento dichosa de vivir en una ciudad tan rica culturalmente. Siempre es difícil vivir en otro país que no es el tuyo, la necesidad de pertenencia es inherente a nuestra condición humana. Creo que para mí ha sido vital no olvidar de dónde vengo. Mi raíz es mi oxígeno y mi nostalgia. Los recuerdos forman parte de mi presente, colocar mi disco de Simón Diaz de vez en cuando, ver fotos de mi familia, de mis amigos, todo ese pasado también me hace sentir viva. Lo que sí trato es de nunca comparar. Todos los países son distintos, las sociedades se expresan de distintas maneras, no considero que existan unos países mejores que los otros, sino diferentes. De la diversidad sale una riqueza indispensable para cualquier sociedad. Puedes adaptarte a una cultura siempre y cuando seas flexible y sobre todo evitando sin prejuicios. La flexibilidad es lo que puede ayudarte a entender lo que vez y lo que vives. Los idiomas son una puerta al infinito, eso permite la mezcla y no hay nada más hermoso que mezclarse. Hablar un idioma completamente diferente al tuyo es una riqueza indescriptible y creo que cuando se es inmigrante más allá de lo difícil que pueda ser, al final es muy enriquecedor y puede sorprenderte.


¿Qué le depara el futuro a Ají Dulce y a Daniela Aldrey?


El futuro para mí son todos los días. Quiero muchas cosas y trato de trabajar por ellas. Sigo trabajando para que Ají Dulce siga creciendo de manera inteligente. Proyectos personales, muchos. Quisiera retomar la escritura, ya comencé con la danza. Quiero conectarme con esa Daniela que dejé un poco de lado para concentrarme en lo que hago hoy en día, que me encanta, pero sé que también necesito volver a mis raíces y recordarlas siempre. La literatura, el cine, el arte, la danza, me llenan el espíritu, me procuran paz, armonía. A nivel personal, quiero retomar la escritura y dejar de escribir para mí, quiero salir otra vez de mi zona de confort. En lo profesional, seguir apostando a la arepa, que es la mejor comida del mundo -eso puedo garantizarlo-. Me gustaría ayudar, desde mi experiencia, a quienes quieran emprender para demostrarles que no hay nada más bonito que vender un producto tal cual es, como lo hacían en casa, sin versiones ni adaptaciones. La autenticidad y su simplicidad es lo más demandado en la actualidad.


¿Qué consejos les darías a otros emprendedores?


Tengan siempre presente que: 1. Los caminos nunca son lineales. Es muy importante mantener la capacidad de asombro y ser flexibles. 2. Escuchar siempre al diablo y al ángel a tu lado. Escuchar esas dos versiones, te permite crecer. La crítica por más que genere dolor, definitivamente es necesaria si se quiere emprender. Emprender es un camino donde podemos sentirnos muy solos y siempre habrá que tomar decisiones difíciles. Es vital entender que habrá conflictos y aprender a afrontarlos. 3. Seguir enamorado y escuchar tus entrañas. El instinto es mágico y permite crear cosas maravillosas cuando nos conectamos con la voz que nos habla desde el interior.


Para cerrar, queremos decirles que conocer la historia de Daniela Aldrey es entender la magia que envuelve a la marca Ají Dulce. Quienes hemos tenido la oportunidad de probar su comida y compartir en sus espacios, reconocemos el sentimiento que se aflora en cada detalle de su cocina. Ají Dulce ha sabido cautivar a los públicos venezolano y francés, evocando lo auténtico de la comida criolla al combinar la técnica de Luis Machado y la audacia creativa de Daniela Aldrey. Ají Dulce se ha convertido en ese lugar “que te regresa a casa”, ese espacio de tertulias que nos reconecta con nuestras raíces al tiempo que sigue sumando el número de arepa lovers en París.


A ti Daniela ¡gracias por esa curiosidad infinita para buscar siempre qué más hay fuera de tu zona de confort y nunca olvidar de dónde vienes! ¡Gracias por tu ejemplo y dedicación!


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